Ir al contenido principal

Olvido: receta contra la locura

Recuerdo que cuando mi madre falleció, hace ya casi 9 años, por ratos olvidaba que ya no estaba con nosotros.  Entonces recordaba que se había ido y volvía a sentir ese dolor lacerante en el pecho.  Sucedía que en ocasiones quería llamarla para contarle algo importante, trivial o lo que fuere, para darme cuenta al momento de que no era posible, había fallecido.  Recuerdo bien ese dolor.  Algo sorprendentemente inaguantable.  Estoy convencida que sin ese "olvido" me hubiera vuelto loca.

El cerebro, creación maravillosa de la naturaleza, es una máquina sorprendente.  Se defiende así mismo cuando no está permanentemente conciente de alguna situación dolorosa o traumática. Que conste que no hablo de distracción, sino más bien del olvido total del evento.  Este fenómeno me ocurrió durante los días posteriores a su fallecimiento y se volvió más esporádico según fui incorporando su ausencia a mi vida diaria y a mis circunstancias.  Pienso que solo entonces estuve lista para empezar a vivir las etapas del duelo.

Ciertamente, la mente humana no está preparada para vivir en constante dolor.  A eso se deben algunos trastornos siquiátricos, como trastornos de personalidad.  Siempre o casi siempre están asociados a una situación altamente traumática que la persona evade con la locura.  Obviamente, esto sucede de forma inconciente; nadie decide volverse loco, pero problamente si se está sufriendo mucho, la mente sí lo decida.

Hace un rato estuve recordando a alguien a quien amo, y que ya no está.  Mi corazón empezó a latir fuertemente, mi ojos se sintieron ligeramente húmedos, me conmoví bastante.  No podría vivir en ese estado todo el día o gran parte de el.  Será lo menos saludable ya que sin duda enfermaría.  Suerte la mia que por ratos olvido que no está y que el tiempo, con su maravillosa sabiduría, menguará los recuerdos y los hará cada vez más nobles.

Entradas más populares de este blog

Comida y masturbación

En ocasiones, comer sin compañía es como masturbarse. Con ingenuidad les pidoque no se estacionen en la palabra masturbación y se abran, sin prejuicios, a lo que quiero significar. 

Verán, tienes todos esos ingredientes maravillosos sobre tu mesa en la cocina. En tu tabla de abedul, has dispuesto filete de pechuga de pollo y le espolvoreas pimienta y sal, un maravilloso matrimonio de cocina que hasta tiene su propio verbo: salpimentar. Te sientes creativo y te atreves con un poco de albahaca seca. La estancia huele divino, porque has puesto a hervir dos papas y agregaste dos hojas de laurel, entonces la magia se ha esparcido por todos lados. Te vas directo al frutero y sacas un tomate pequeño -total, es solo para ti-.Te encanta ver como el cuchillo se clava en la pulpa jugosa y roja del tomate que, sometido al filo de la hoja, despide todos sus jugos. Si eres amante de los cuchillos, como yo, admirarás la maravilla de un corte limpio, tantocomo el imponente sabor de la rúcula.
En fin, …

Otra cara de la depresión

Tal y como he publicado en Wall Street International Magazine

Padezco de depresión. No puedo afirmar que nací con ella, pero sí sé que desde pequeña vivo días de intensa tristeza y desesperanza. Me considero una mujer exitosa, y lo soy; hasta hoy he acumulado logros que me hacen sentir valiosa e importante. He vivido momentos de plenitud y felicidad, generalmente tengo mucha vitalidad y energía. Si me miras, verás a una persona absolutamente normal, con brillo en la mirada, sociable, que sonríe y está presta para conversar y hacer bromas. Pero siempre la depresión ha estado ahí, rondándome cerca. Apenas descansa por tiempos, para regresar vigorosa. Muchos dicen que soy hermosa, atractiva e interesante. No solía prestarle atención a mi apariencia porque la verdad es que nunca me gusté mucho. De un lustro a la fecha es que empecé a reconocerme en ese terreno; antes me concebí de lo más corriente, alguien que no llamaba mucho la atención. Hay días en que despierto y me siento lo más insípi…

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…