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El hombre que amo.......

Amo a un hombre que me ama.
Amo a un hombre que me cuida. Vigila que coma, que descanse, que duerma, que sueñe.
Amo a un hombre que presta atención a mis uñas, y tiene contadas las hebras de mis cejas.
Amo a un hombre que me habla de sus sentimientos. Que se expone frente mío. Que me dice. Que me cuenta.
Amo a un hombre que tiene el hábito de pensarse, de pensar y meditar.
Amo a un hombre que desea ser mejor y trabaja para ello.
Amo a un hombre que gusta de cocinarme. Que quiere alimentarme.
Amo a un hombre que le fascina enriquecer mi intelecto.
Amo a un hombre que me habla mucho, pero que también me escucha mucho.
Amo a un hombre que me desea, me venera, me adora.
Amo a un hombre que me baila, que se muestra frente de mi sin vergüenzas.
Amo a un hombre único. Irrepetible. Uno que no pensé que existía.
Amo a un hombre que me ama.
Amo a un hombre que se dice afortunado por amarme.
Amo a un hombre que me hace ser muy afortunada por amarlo.
Amo a un hombre que me estremece, que me hace vibrar y calentar.
Amo a un hombre que me hace desear lo que nunca me permití desear.
Amo a un hombre que me insta a ser.
Amo a un hombre que me ama.
Amo a un hombre que me hace querer ser lo que nunca creí capaz de ser.
Amo a un hombre que saca de mi lo mejor, lo excelso, lo auténtico.
Amo a un hombre que me ha sacado de las sombras.
Amo a un hombre que me muestra un tipo de luz que no conocía.
Amo a un hombre que me ama.
Amo a un hombre que me ha mostrado un tipo de amor de esos que se viven muy pocas veces, por muy pocas personas. 

Amo a un hombre imperfecto y así tal cual lo amo.  Amo un hombre que está en mi imaginación.






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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


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