Ir al contenido principal

La poesía sirve para vivir

Hace días escuchaba un programa de televisión (si, hacía mil cosas, asi que solo lo oía) donde el afitrión le pregunta al invitado para qué sirve la poesía.  Resulta que a vistas del anfitrión, la poesía es algo inútil,  sirve para muy poco, por no decir que para nada.  ¿Qué hace alguien con un libro de poesías? ¿Qué aprende? ¿Qué saca de ella luego de concluir su lectura?.  Esas eran las preguntas que le hacía al invitado. Independientemente de lo que éste le respondió, yo me quedé pensando en esas preguntas y en sus respuestas; las respuestas que tendrían en mi.


Yo escribo desde que tengo 13 años.  Es lo que recuerdo.  Antes de esa edad, sencillamente hablaba en voz alta mis pensamientos. Recuerdo que subía al techo de mi casa y ahi, en la soledad de la azotea, con la presencia del viento y del sol o la luna, según fuere la hora del día, murmuraba en voz alta ideas que surcaban mi cabeza.  Se que siempre viví y sentí la poesía. Yo miraba árboles, cielos o mares y pensaba y componía en mi cabeza. Más adelante empecé a escribir en el bachillerato. Escribía sobre cosas que me pasaban y lo que sentía al respecto.  Nunca publiqué algo que escribí; de hecho, creo que por primera vez salgo de mi entorno para que alguien más que mis conocidos lean algo mio.  Siempre escribí, y todavía lo hago, para mi propio placer y deleite. Apenas le mostré a algunas amigas de bachiller algo de mi trabajo y luego me pedian que le escribiera poemas para dedicar a sus novios.

Resulta que la respuesta que recibió el anfitrión del programa fue: la vida es poesía y la poesía es vida.  Yo ya lo sabía, lo había experimentado en el transcurso de la mia. La poesia es la forma excelsa de expresar la experiencia de lo que se ve y lo que se siente. Es ambrosía en letras.  Es la excusa de aquellos que de repente quedan mudos.

Yo pienso que la poesía es para todos, pues quien no la disfruta escribiéndola, lo hará leyéndola. Y aquel que no se haya conmovido o al menos identificado con algún trozo de letras poéticas, le advierto que es cuestión de tiempo.  De poetas y locos, todos tenemos un poco.

Entradas más populares de este blog

Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-