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Tiempo de soltar....

Ella estaba parada en una esquina de la habitación.  Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, como si descansaran.  La mirada gacha.  Su pensamiento se fue lejos y así de lejos se le fue la memoria.  Ya casi no recordaba su rostro.  Ese que la acompañó por tantos años y que a fuerza de no estar se empezó a volver borroso. Levantó la vista y observó como la puerta lucía entreabierta.  El breve espacio que la separaba del marco era suficiente para que se escapara un poco de luz proveniente del pasillo.  Esa poca luz le volvió a recordar que justo así empezó hace días a lucir su rostro en su recuerdo.  Escaso.

Se giró lentamente y mirando hacia la calle meditó.  Era tiempo de empezar a soltar.  Su recuerdo le pesó por mucho tiempo y si ya empezaba a borrarse no sería mala idea que se fuera del todo.  Su piel ya se estaba empezando a agrietar por falta de caricias. Se llevó los dedos a los labios. 
Había olvidado a qué sabe besar. Luego se apretó el pecho izquierdo, seguidas el derecho. Seguían turgentes. Se dijo así misma que tenía tanto que dar, tanto, tanto, que sería pecado no hacerlo.

Volvió la mirada a la puerta y se concentró en la luz que se colaba por ella. Cerró los ojos. Volvió a ver su rostro. Sus ojos. Borroso. Todo lucía borroso.....Había llegado el momento de dejar todo atrás.
 Era la hora de abrir la puerta de par en par.  




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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
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Sonrisa mentira

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©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-