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Fábula de dos otoños


Abrió la puerta y ahí estaba.  ¿cómo entró? quién sabe.....total....él no era el único que estaba en su casa.  Desde hace un buen tiempo el otro había llegado "como pedro por su casa".  Se instaló, guardo sus ropas y sus calzoncillos en los cajones. Se hizo un café y le llenó la casa con del aroma moreno y el color que lo distinguía: Marrón.

Ella ya estaba acostumbrada. Cuando lo miró a la cara le dijo secamente: ¿qué vienes a hacer aquí? ¿acaso no sabes que uno igual que tú ya se instaló hace tiempo?  Lo dijo sin más.... con cara ausente de expresión.  El la miró y le respondió:  Con uno no te basta....sabes que necesitas dos....últimamente has demostrado que uno solo no te alcanza para el alma.  Ni para las noches que pasas con los ojos como buho.  He visto como bates las nostalgias y te la tomas como zumo.  Entonces, no pretendas ignorarme, ni te preguntes qué hago aquí.  Tanto él como yo estamos aqui para acompañarte.  Para despertar junto a ti a las tres de la mañana, como sueles hacerlo desde hace tiempo ya.......

Lo escuchó. Aunque no quisiera, su respuesta le siguió hasta la habitación y la oyó completita.  Alzo la vista solo para encontrarse con el otro. -Ah bueenno! ustedes si que se han puesto de acuerdo.... - susurró entre dientes.  Ninguno se dió por aludido.  El primer otoño habia llegado en primavera y ella no había encontrado manera de que se largara, hasta que terminó por acostumbrarse a él.  El que encontró nomás abrir la puerta era uno nuevo, pero otoño al fin. Uff!! ¿qué iba a hacer con tantos tonos de marrón, con tanta hoja seca?...Estaba harta de barrer y eso de despertar a las tres de la mañana se iba volviendo en ritual muy otoñal....

Se dejó caer sobre la cama...abrió las piernas y los brazos como quien hace figuras en la nieve espesa.  Mirando al techo, vió como el primer otoño abandonaba la habitación para encontrarse con el segundo.  Al poco rato los escuchó conversando.  ¿De qué diablos hablarían dos otoños? -se preguntó.- Pero ellos tenían mucho por charlar.  No era fortuito que el segundo llegara para confabular con el primero. No.  Ellos estaban tramando cómo traer una primavera solo para ella.  Una primavera de esas que duran un buen tiempo.

- Sabes que mi trabajo ha sido arduo.- le dijo el primer otoño al segundo. -Esta chica luce harta de mi, pero no me da razones para irme, entonces tu llegada es más que oportuna!.  Alguna forma debemos hallar para que ella haga algo para irnos.  Luce que nos desprecia, pero es mentira...a mi ha terminado amándome y a tí, pronto te estará planchando las ropas....te lo aseguro.-

Los otoños quedaron de acuerdo en urdir un plan que trajera una primavera para ella.  Había que variar la resequedad en toda la estancia, adornar las ventanas con cortinas amarillas, azules y rojas.  Ya estaba bueno de tanto marrón!...Igual, el olor a añejo empezaba a delatarse en la entrada. Era tiempo de jazmines, pachulí, bergamota, raíz de florencia o pimienta rosa......

Ella se quedó dormida. Ni la ropa se quitó, apenas se despojó de los zapatos. Por más que trató de oir de qué hablablan los otros dos, la charla no le resultó intelegible.  Cuando despertó, los dos otoños seguían conversando animadamente en la terraza....


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

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