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Fábula de dos otoños: novedades


Luego de que los dos otoños se dedicaron a confabular contra ella, (o a su favor!...realmente...), algunas cosas habian variado en la casa.   Habian cambiado las cortinas.  Barrieron todas las hojas secas esparcidas por el piso y tres veces por dia, se esparcía un delicioso aroma a café recién colado. Ellos dos se sentaban en la silla de la terraza trasera a conversar sobre sus avances.

Ella, que siempre llegaba de la calle a la misma hora, no siempre advertía la presencia de estos dos en su casa.  Se los tropezaba sentados en la cama, otras veces en la cocina friendo tocino con pan de linaza. Otras veces en el baño tomando un ducha fria.  Ellos estaban cómodos en su casa y ella cada día los ignoraba más. Pero no era a drede.  Ella sencillamente empezó a olvidarse de ellos y de las razones por las que se instalaron y ocuparon su morada.

Esa tarde, caminó despacio al baño. Iba desnuda.  Se había apoderado de ella un sentimiento irreverente y morboso. Tenía un tiempo sintiendose distinta.  Al parecer, los nuevos olores que reinaban en la estancia le estaban despertando trozos de piel. O quizá era el color de las cortinas, eran de un amarillo vibrante y coqueto.  Las nostalgias, esas que antes consumía mañana y noche, ahora eran recuerdo remoto y reseco. El primer otoño le miró el caminar.  Le admiró el contoneo de sus caderas, los muslos fortalecidos y unas pantorillas hermosas. Se sintió complacido y sabía que era cuestión de tiempo irse con su par del lugar.

-¿La has visto?...Sí. -Respondió un otoño al otro.
-Y me ha sorprendido, porque juraría que la he visto sonreir.  Ya no pelea tanto!. 

-Cierto!  Hace dos noches estuvo cantando y bailando sola en la sala.  Te juro que estaba sola... movia los brazos como loca estaciada y se reia.  Pensé que se había fumado algo, pero no.  Parecía genuinamente feliz, y en forma saludable.

-¿Qué nos falta?
- Muy poco.  Me doy cuenta que aveces no se percata de nosotros.  Se acostumbró, pero cada día nos dedica menos tiempo, ya no emplea horas y horas para conversarnos sobre los tonos grises.  Duerme sus noches completas. No me pide compañía.  -lo hace contigo?

-No. Creo que no nos necesita como antes.  Es cuestion de tiempo eso de irnos.  Hicimos nuestro trabajo.  Además,  aquí ya no huele a otoño, nosotros ya no combinamos.



Ella estaba muy ajena a todo cuanto charlaban los caballeros ocres en la sala.  Hacía tiempo que no les prestaba mucha atención.  Solo los dejaba ser,  Ella cantaba en la ducha, se sentía viva.  El agua fria le retozaba por el cuerpo y sus turgentes pechos le hacían franca reverencia.  Sentía algo parecido a la felicidad.

Tenía ganas de viajar.  Dejar la casa por dos o tres semanas.  Quería ir a alguna ciudad donde fuera primavera.  Si! eso haría...viajaría!.  Tenia hambre de colores, olores suaves y fuertes, mezclados. Guau!! tenía ganas! eso ya sí que era mucho...


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-



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