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¿Qué hacer...?

Espalda desnuda de mujer sentada, de Diego Rivera

¿Qué se hace con una tristeza de esas que llegan sin avisar?
de esas que se instalan con maleta y todo, que no cuelgan la ropa en el closet, pero que sabes que pernoctarán en tu casa varias noches...

¿Qué se hace con un recuerdo que insiste?
de esos que se vuelven patrimonio en tu cabeza, de esos que van y vienen cuando menos se les necesita, solo para recordarte que le recuerdes...que no le olvides.

¿Qué se hace con una lágrima que sale de tu mirada?
de esas que se gobiernan, que salen saladas del hueco de tus ojos y ruedan amargas hasta las comisuras de tus labios.



¿Qué se hace con las caricias que sobran?
de esas que nunca se entregaron, de esas que permacen con su envultura original.  De las que se volvieron osamenta de un sentimiendo que se cree muerto.

¿Qué se hace con las canciones de amor? 
de esas que parecen ser escritas solo para ti, de las que no te ayudan ni un poquito con tu tarea de olvido pendiente. De las que te carcomen la cabeza y te llenan de esperanza barata.

¿Qué se hace con una luna de octubre cuando va siendo noviembre?
de esas que son grandotas como la pena misma, de las que lucen gachas en los matorrales, como si pudieras tocarla, de esas que solo puedes mirar de a dos...

¿Qué se hace con un verso?
de esos que te traen al presente tu pasado más reciente, de esos que contienen en cada letra un girón de piel rota de sentimiento.  De esos que te quedan como guante.

¿Qué se hace...?


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-