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Mi regalo de Año Nuevo!


¡Mis queridos lectores! Les saludo con mucho cariño y brevemente les digo que esta es la última entrada que les comparto en las pocas horas que le restan a este moribundo 2014.  Es la última por un mero asunto técnico, y es que me ausento de la ciudad hasta el viernes y no me llevo la máquina, así le llamo a la compu.

Lo siguiente que les escribiría iba a ser otra cosa, pero como dijo Cortázar, el azar hace las cosas mucho mejor que la lógica.  Resulta que he tenido la suerte de encontrarme, por puro azar, con un entrevista le hicieron en el año 1977.  Fueron dos horas de puro deleite para mi, y no por la idealización o adoración al personaje. No.  Hablo de ver al hombre y sus ideas.  Verme reflejada en mucho de sus conceptos y percepción de las cosas realmente me ha conmovido.

Si usted que me lee, compone y ama la poesía, le invito a ver este video.  Si usted es una persona crítica de la realidad latinoamericana de la época, igual lo invito.  Si le apetece dedicar dos horas a ver cómo pensaba este hombre, hágalo.  Ideas sobre lo fantástico, el nacionalismo, cómo se consideraba a sí mismo en el ámbito de la escritura, aspectos políticos, la Latinoamérica de entonces, respecto del boom literiario y su sabia opinión sobre el mismo.  Todo esto y mucho más en estas dos geniales y sencillas horas.

Este es mi regalo; espero que muchos lo desenvuelvan y lo disfruten. 

Nos vemos en enero, ustedes siempre amables para leerme y yo siempre agradecida por el favor de sus minutos y cargada de cosas que contarles.

Nos vemos, ¡Feliz 2015!

Clica aquí para acceder a la entrevista

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-