Ir al contenido principal

Diciembre y yo



Llegó diciembre.  Un mes muy esperado por muchos, por razones diversas. En mi caso particular, bien podría saltar noviembre hasta llegar a enero y quedarse diciembre en la agenda de los pendientes eternos.

Será que soy una Grinch, pero diciembre para mi solo significa la bulla de la gente que se vuelve loca, porque parece que no habrá vida más allá de enero.  Tener más cuidado del que ya tengo de ser asaltada, porque luego del 10 de diciembre, con la entrega del salario 13, y en algunos casos los bonos navideños, el aire huele a dinero y la gente, que no hace esfuerzos en ser discretos, se esmera en mostrarlo. Conducir un 24 o un 31 de diciembre es, hasta cierto punto, exponerse por el manejo temerario de muchos conductores bajo los efectos del alcohol.  En fin...

Otra cosa de la Navidad que no me gusta, son los "buenos deseos" de algunas personas, que en honor a la verdad, me saben a tiza.  Gente que se pasa el año entero siendo mentirosa, mezquina, chismosa, desententida del dolor ajeno (podría amanecer en este párrafo), y de repente, del primero al último día de diciembre, entran en un "formato de bondad" tan grandioso como efímero.

Diciembre es un mes tan igual como otros, solo que con más dinero, con un comercio desbordante, un consumo sin referente de alcohol y comida y mucha propaganda empalagosa.  Eso sí! las peliculas si que me encantan!. Cuando era pequeña, diciembre era el mes más ansiado para mi. Abuela Inés y Papá Pedro, junto con los tios venian a casa a cenar en Noche Buena. Los niños del edificio quemábamos brillo fino, de esos de lustrar ollas, y lográbamos unas chispas preciosísimas de luz que practicamente cerraban la calle. Era la mejor oportunidad para comer pollo asado, uvas, manzanas y coquitos. Ahora hay pollo horneado en cada esquina y todos los días.  Las uvas y las manzanas adornas las estanterias de frutas de cualquier supermercado y yo no soy una niña, Crecí y me enteré de cómo son las cosas realmente.

Para mi la Navidad solo vale la pena cuado veo la risa honesta y sincera en la gente buena e inocente.  Los niños siguien siendo mis favoritos en Navidad.  Verles las caras cuando ven las luces y cuando destapan regalos es algo de apreciar.  Sobre todo cuando son niños que viven en calles sin aceras ni pavimento, sin parques donde ir los sábados a las 5 de la tarde.  En sus miradas es que veo la Navidad, y creanme, la puedo ver los 12 meses del año.

Por todo lo anterior son mis reincidentes preguntas para estas fechas.  ¿por qué esperar a diciembre para ser positivos, buenos, bondadosos, caritativos, compasivos, empáticos?...Será que solo luce ser así en diciembre, haciéndole creer a los "otros" que llevan el espíritu de un Jesús al que solo toman de ejemplo por unos días?

Por mi parte, esas fechas son para estar con quien o quienes se ama y en la tranquilidad.  Una de dos: o me estoy poniendo vieja o soy una aburrida...

¿Qué opinan ustedes?

Nos vemos a la siguiente.

-Tengo varios versos entre costilla y pecho (siempre se parquean de ese lado, aveces por los hombros!)...se los entrego prontito-

Entradas más populares de este blog

Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-