El otro lado de tu voz

En ocasiones, tu voz se convierte en daga
y hiere... y corta...
Cobra mi sangre, como si fuera el precio acordado,
por darme tú el amor, ese que mío reclamo, del que, soberbia,
me creo más que merecedora, dueña.

Entonces me revelo en llanto. 
Y resuelvo llorarte hasta volverte mudo.
Y terminan supurando desde mi, 
los más amargos borbotones de angustia. 
La más grueza de las gotas.
Gotas de dolor y de pesadumbre. 

En ocasiones, tu voz se vuelve suavemente hiriente.
Y como cristal diminuto, 
te incrustas en la dermis de mi sensible corazón. 
Y mientras más chico, más hondo se instala tu trocito de voz. 
Ese cristal transparente me susurra... se clava y corta. 
Me hace aristas perversas, que más tarde acariciarás
con tu otra voz, la de la ternura y la del perdón,
la de la dicha y el consuelo.

Y aún en tu voz de duelo, 
te amo.
Te voy amando mientras duele...
mientras corta...
mientras resuelvo llorarte.
Y callo...no porque no pueda hablarte...
es que tu voz ocupa el espacio,
ese que gravita entra la herida y la ofensa,
entre el perdón que preparo
entre el consuelo que espera.
Tu voz, sale de tí y nos gobierna
y a los dos nos quiebra.

En ocasiones, tu voz se vuelve silencio.
Silencio de horas que lucen como semanas.
Silencio de calma espesa...
Silencio repleto de grito...y debajo de ese grito...nuestro amor...la paciencia,
y el voto de amarnos, 
muy a pesar de tu voz.

En ocasiones, tu voz me mata, 
me rompe en dos mitades obtusas...
y a la siguiente ocasión, me estas armando los pedazos...
Volviendo enteras las mitades, me otorgas más que un cuerpo.
Me das dos...uno para dolerte y otro para amarte.

En ocasiones tu voz...y otras...
otras veces, también...
siempre tu voz.


© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Entradas más populares de este blog

Otra cara de la depresión

A nadie

Necedad