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¡Sigo aquí…!

No amigos, no me he ido a ninguna parte. Les cuento, me han pasado muchas cosas, de esas que te dejan mejor que como te encuentran, porque te enseñan mucho.  Te muestran la verdadera naturaleza del ser humano, o al menos, te la recuerdan.   Digamos que mi cielo ha estado variopinto; he tenido tronadas y tornados, aguaceros fuertes y chubascos.  He tenido soles maravillosos y, por días, cambalache de nubes grises. Pero estoy aquí, no me he ido a ningún lado, ni pretendo hacerlo.  

En estos momentos mi "máquina" está en el taller, y sin posibilidades de retornar bien. Con lo que representa un computador para alguien que escribe. Por momentos tengo arcadas de letras, y me paso días vomitando poesía, pero solo en mi mente. Me aseguro de dejar rastros en papel, con la esperanza de hilvanar ideas concretas más adelante. Envidio a los escritores que pueden darse el lujo de encerrarse en su espacio y recrean sus rituales para escribir y escribir sin interrupciones.  O a quien puede escaparse a un café y tejer historias por horas. Entre mi trabajo de oficina y mi rol de madre, prácticamente debo fabricar  tiempo para escribir.  Y es así como he logrado mantener este espacio por poco más de un año.

Pero, ¿es que soy escritora, poeta o algo que se le asemeje?. Nunca me dió por tildarme de ser algo.  Tengo mi filosofía sobre eso de "ser" y "hacer".  Hubo días en mi vida donde alguien, a quien le reconozco méritos en materia de poesía, me animó a autoproclamarme poeta.  El nombre siempre me pareció mi grueso para mi piel, pero con el tiempo el ego ganó y me compré la historia de llamarme "poeta", para luego recibir un ramplimazo* en mis oídos escuchando que sí lo era, pero de poca monta, algo falso o que aparenta ser, como decir "poeta de pacotilla". Lo cual significó mi cable a tierra.  Es bueno no creerse mucho la gran mierda, como decimos en mi isla.  Lo cierto es que escribir es mi terapia, es lo que amo.  No voy tras vítores ni títulos. Además, si permito que las opiniones me definan, ahí sí que la fastidié.

Les cuento que recientemente tuve un interesante encuentro con mis otoños, esos que me han estado acompañando desde diciembre de 2011.  Nuestra relación ha tenido su metamorfosis y, hoy por hoy, es muy diferente a como era en el principio. Digamos que ya no dependo mucho de ellos, pero les he aceptado como parte importante de mi casa.  De eso les contaré más adelante.  También tengo pendiente decirles qué ocurrió con Lucía y Andrés.  Además, hay una Fiesta Blanca pujando por salir.  ¡Y saldrá!

Aunque mi computadora haya sido vulnerada, o mi celular haya muerto "misteriosamente" por casi 24 horas, para luego despertar así, sin más, estoy aquí.  Estoy hecha de una madera que ignita, pero no se hace cenizas. Eso de claudicar no está en mi horizonte.

Les dejo un abrazo a todos y nos vemos pronto. 

Cariños, 
Gnosis


*Expresión muy popular del dominicano, que alude a un golpe recibido que te deja tonto y sin sentido.

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