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A ti, mi niño...


Vi tu cuerpecito y te abracé con la mirada, como se abrazan las cosas tiernas y frágiles. Como respetando tu inocencia, soplé con mi aliento, delicada, un hermoso mechón de tus cabellos de azabache. Toqué tus deditos y los llevé a mi boca, en la palma de tu mano deposité tres besos, y rocé con el borde de los labios, tus inertes y húmedas uñitas.

¡Oh! niño mío, niño de todos y de ninguno, niño de un pueblo y niño de un mundo.  En esta hora del día te meso en mi ceno, y dejo que el calor de mis pechos simulen el hogar que te fue arrebatado.  Tus cachetitos, otrora rosados, hoy son la usencia del color de la vida. Hoy te vistes de muerte, para recordarnos como todos estamos muriendo un poco cada día.

Con tu muerte, unos han muerto más que otros.  En cambio algunos vivirán con más ahinco, pero con un trocito menos en el pecho.  Eres el niño que se esconde tras una costilla, y que solo recordamos cuando nos dan un feo golpe.  Tu muerte es la gruesa costra que escuece la piel de nuestra conciencia.

¡Oh! niño mio, te amo con cada grito que mana de mi corazón de madre.  Te amo con cada una de las ilusiones que, por ti, atesoraré y atesoro cada día.  Por ti renuevo mi compromiso con las utopías y los imposibles ciertos.  Por ti me vestiré de yerba para teñir de verde todo cuanto me sea posible.  Por ti abrazo y beso, porque una partecita de mi eres tú.  Porque sin saberlo, ya te encontraba en la mirada de mi niña.

Te amo, mi niño...



© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-