Ir al contenido principal

Amar

Dibujo realizado a lápiz por Maria Zeldis, artista canadiense.


Amar al hombre que queda cuando se cierra la puerta. 
Cuando las ropas abandonan el cuerpo. Cuando abre el refrigerador intentando dar con un vaso de agua para calmar una sed que va más allá de la garganta. 
Amar al hombre cuando ya no hay voces, cuando el silencio hace presencia y los saludos y sonrisas quedan para una audiencia que ya se fue.
Amar al hombre quedo, quieto, agotado, cansado. Cuando luce que no queda mucho, pero en verdad sabes que hay demasiado, tanto, que podrías derrocharlo toda una vida. 
Amar su sombra, su duda, su lágrima escondida, pequeña. 
Amar sus movimientos involuntarios, su pelo, el grueso de sus dedos, el óvalo de sus uñas, y las pequeñas arrugas en las esquinas de sus ojos. 
Amar, incluso, el momento en que no está, ese en que la espera es el alimento de las horas.
Amar imaginar tenerlo siempre, a la mañana, a la tarde y a la noche. 
Y en la madrugada, amar fundirse en sus carnes, complaciendo sus demandas. 
Amar el amor de pronóstico reservado. 
Amar estas letras, que simulan una calma que no existe. 
Amar la angustia, la espera, la neurosis que le produce haber dado con él. 
Amar al hombre, sin ropas, sin poses, sin sonrisas educadas.
Amarlo, no porque venga de donde viene, no porque vaya a donde va, amarlo solo porque si. 
Amarlo y punto.


©Derechos de autor Gnosis Rivera

Entradas más populares de este blog

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…

Mi bronquitis

Desde mi primera juventud – la verdad que no sé son cuántas juventudes hay, ni quien las cuenta– tuve tendencia a los resfríos. Primero fue la congestión de los senos paranasales. Bastaba que lloviera para que mi nariz tuviera su propio tsunami. No podía usar perfume, ni bañarme con el clásico Palmolive rosa, que tanto gustaba a mi madre. Los olores me mataban.

Con el tiempo, y por suerte, esa condición fue variando; ya no era un payaso andante, puesto que mi nariz vivía enrojecida.

Yo fui creciendo y me di cuenta que algunas enfermedades traen consigo un andamiaje emocional. Y eventualmente me vi repitiendo, cada cierto tiempo, una bronquitis asmatiforme, así decía el diagnóstico. Yo siempre me propuse ver más allá, me pasaba de la línea, sacaba mis propias conclusiones; tuvieran ciencia o no, ellas me satisfacían y, al menos, me ayudaban a entender mejor mi deficiencia de salud y mi cuerpo.

Hace un tiempo que vengo callando, que vengo sintiendo harto y diciendo nada. He tenido potentes…