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Mis utopías


Soy una ilusa, una idealista, todos los días como tostadas de utopías en el desayuno. Mientras no tenga mi final feliz, me como el cuento ese del amor. Pues me basta con haberlo imaginado para saber que es cierto. Voy corriendo tras los imposibles más posibles. Me apetece morir con la sonrisa en la boca. Con las palmas abiertas, como quien espera recibir, como quien las abre para dar. Prefiero los ambientes abiertos, esos que despeinan el pelo y levantan la blusa. Ya no quiero esconder la belleza de mis ojos tras la sombra del maquillaje. No quiero disfrazar mi aliento con la menta. Quiero vestirme de sueños. Se me antoja que me llamen tonta, poco práctica y nada calculadora. No me adhiero al sistema de que el hombre caza y la mujer se sienta tranquila a la espera del alimento. Se me antoja gritar lo que siento, decir lo que pienso. Me animo a correr riesgos, a darlo todo aunque que me vaya de la mierda. Se me ocurre abrir mis brazos y hacerte un espacio, ahí, donde me haces falta. Soy una ilusa. ¿Puede un iluso dejar de serlo? No se, la veces que lo intenté, antes, cuando el amor era menos, nunca tuve resultados convincentes, entonces me asumí. Hice la paz con mis utopías y mis sueños. Me convencí de mis realidades e incorporé a mi sistema de experiencias todas y cada una de las cosas que me conforman, pero decidí que no me definían más. Yo y solo yo sabría mi significado. Se me antoja morir amando, queriendo, anhelando, esperando, besando, orgasmando, deseando. Se me antoja regalar el tiempo, la vida. Sí, ya lo dije, me alimento de utopías. Ellas me empujan, son mi combustible. Igual tengo mis cables a tierra....pero se que ya no podría vivir sin mis utopías. Por momentos, ellas se amotinan en la puerta principal de mi pecho, y es entonces cuando me hacen falta dos corazones. Uno para sentir y el otro para existir. No me bastan ni la diástole ni la sístole. La opresión la siento y ni la lágrima me alcanza. Aún así, no podría vivir sin las utopías que me despiertan día por día. E insisto, mientras no tenga mi final feliz, me como el cuento ese del amor. Y vuelvo y digo: me basta con haberlo imaginado para saber que es cierto.

®Derechos Reservados Gnosis Rivera.-

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Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
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