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Elegido



Entre tantos rostros, tantos nombres, tantos hombres, te elijo a ti. Eres tan distinto, tan único. Irrepetible. Todo en ti es abundante. Te desbordas por tus propios contornos y si intento contenerte con mis manos, te precipitas entre mis dedos, goteando por completo en toda tu esencia. Por eso te amo. Por no saber de mitades, por solo conocer los enteros, los completos. Amo tu sonrisa, tan vasta, tan amplia, cubre toda la habitación e ilumina calles completas. De tu mirada se escapan el niño que te habita. La nobleza de tu alma es escandalosa y revolucionaria. Tus defectos son la promesa permanente de quien quiere ser mejor. Te amo. Amo tu letra, tu discurso, amo tu furia, tus temores, tus luces y tus sombras. Me gustas cuando ladeas la cabeza y te refugias en un silencio breve, para luego girar a mi mirada y sonreir. Amo como te mueves, inquieto, como gritando que el mundo no espera. Me encanta como te encargas de las cosas, como te ocupas. Amo tu humanidad, tu ternura, amo el ser femenino que está dentro tuyo, que se funde con una caricia de hombre y se encuentra con mi mano, cómplice, acordando toda suerte de convenios, sin decir, apenas, una sola palabra. Solo gozando, juntos, del silencio. Entre tantos gritos, susurros, palabras, oraciones y vocales, elijo tu voz, tu acento, tu tono. Las palabras con las que sirves tus defensas. Amo tu incertidumbre, amo la inquietud que te atormenta. Amo la forma en la que encuentras la paz en las cosas más chiquitas. Amo la cualidad que tienes de ver la belleza donde los demás solo ven materia, cosa simple, cosa común. Amo tus carcajadas, tus chistes locos, tus bromas.
 Amo amarte...




© Derechos de autor Gnosis Rivera​
 

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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones...
Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo.
El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible.
Eso es escribir....
Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Comida y masturbación

En ocasiones, comer sin compañía es como masturbarse. Con ingenuidad les pidoque no se estacionen en la palabra masturbación y se abran, sin prejuicios, a lo que quiero significar. 

Verán, tienes todos esos ingredientes maravillosos sobre tu mesa en la cocina. En tu tabla de abedul, has dispuesto filete de pechuga de pollo y le espolvoreas pimienta y sal, un maravilloso matrimonio de cocina que hasta tiene su propio verbo: salpimentar. Te sientes creativo y te atreves con un poco de albahaca seca. La estancia huele divino, porque has puesto a hervir dos papas y agregaste dos hojas de laurel, entonces la magia se ha esparcido por todos lados. Te vas directo al frutero y sacas un tomate pequeño -total, es solo para ti-.Te encanta ver como el cuchillo se clava en la pulpa jugosa y roja del tomate que, sometido al filo de la hoja, despide todos sus jugos. Si eres amante de los cuchillos, como yo, admirarás la maravilla de un corte limpio, tantocomo el imponente sabor de la rúcula.
En fin, …

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…