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Elegido



Entre tantos rostros, tantos nombres, tantos hombres, te elijo a ti. Eres tan distinto, tan único. Irrepetible. Todo en ti es abundante. Te desbordas por tus propios contornos y si intento contenerte con mis manos, te precipitas entre mis dedos, goteando por completo en toda tu esencia. Por eso te amo. Por no saber de mitades, por solo conocer los enteros, los completos. Amo tu sonrisa, tan vasta, tan amplia, cubre toda la habitación e ilumina calles completas. De tu mirada se escapan el niño que te habita. La nobleza de tu alma es escandalosa y revolucionaria. Tus defectos son la promesa permanente de quien quiere ser mejor. Te amo. Amo tu letra, tu discurso, amo tu furia, tus temores, tus luces y tus sombras. Me gustas cuando ladeas la cabeza y te refugias en un silencio breve, para luego girar a mi mirada y sonreir. Amo como te mueves, inquieto, como gritando que el mundo no espera. Me encanta como te encargas de las cosas, como te ocupas. Amo tu humanidad, tu ternura, amo el ser femenino que está dentro tuyo, que se funde con una caricia de hombre y se encuentra con mi mano, cómplice, acordando toda suerte de convenios, sin decir, apenas, una sola palabra. Solo gozando, juntos, del silencio. Entre tantos gritos, susurros, palabras, oraciones y vocales, elijo tu voz, tu acento, tu tono. Las palabras con las que sirves tus defensas. Amo tu incertidumbre, amo la inquietud que te atormenta. Amo la forma en la que encuentras la paz en las cosas más chiquitas. Amo la cualidad que tienes de ver la belleza donde los demás solo ven materia, cosa simple, cosa común. Amo tus carcajadas, tus chistes locos, tus bromas.
 Amo amarte...




© Derechos de autor Gnosis Rivera​
 

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Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…