Tres y tantos...



...transcurrían las tres y algunos minutos en la madrugada, ella abrió los ojos, ligeramente, y lo buscó. Buscó las piernas que por tantos días agregaron un delicioso peso sobre sus muslos. Juró que lo había sentido moverse, entonces, cuando despertó y procuró su presencia, ahogó un solemne grito en su garganta, porque comprobó que él no estaba. Fue una realidad que la golpeó en menos de la mitad de un segundo. Tanto ocurrió en ese medio segundo. Imaginarlo, sentirlo, buscarlo y no hallarlo. Nunca medio segundo contuvo tanto dentro de sí. Entonces se llevó la mano al pecho, con gesto de dolor. Cerró los ojos y volvió al sueño. Un sueño que le calmaría la ausencia. Ya se enfrentaría a su realidad horas después, cuando el sol hiciera de la suyas por entre las cortinas.

© Derechos de autor Gnosis Rivera​


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