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Déjà vu

Era la una de la madrugada. Ella se incorporó y decidió ir al baño. Había dormido un poco, pero la noche apenas empezaba. Al llegar a destino, se sentó en la taza, así nomás; no llevaba braguitas, solía dormir con lo menos posible. Mientras hacía lo suyo, saboreó perezosa su propia boca. Lo que vino después la conmovio de forma tal, que una corriente suave y caliente la recorrió desde los pies hasta la punta de los pezones. ¡Era su sabor!... el sabor de su saliva... la de él. Era como si acabara de besarlo. Como tantas veces fue. Cuando ella cayó en la cuenta de lo que estaba experimentando, se llevo la mano a la boca, a modo de sorpresa. Hacía tiempo que no lo veía, por tanto, sus labios y sus besos ya venían siendo algo como historia en su vida. Pero cierto era que lo estaba sintiendo, literalmente tenía su sabor instalado en la lengua, en la cara interna de las mejillas. ¡Cómo era posible experimentar tal sensación...! Definitivamente la mente, el cuerpo, los recuerdos, la soledad o lo que rayos fuera, ya le estaban provocando alucinaciones... De igual modo, retornó a su cama, y se acostó con su sabor en los labios, adornando su boca con una tímida sonrisa bañada de sueño y recuerdo.


©Derechos de autor Gnosis Rivera

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-