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Manos y fuego




Tomó su mano derecha. Observó cada uno de sus dedos, como si estuviera inspeccionando algo anhelado o nunca visto. Tocó la líneas de las palmas como si fueran a borrarse o mezclarse entre ellas. Él se dejaba hacer; se sentía curioso de todo cuando ella hacía. Lentamente, ella llevó la palma de su mano a sus labios, entreabrió la boca y deslizó la lengua por su escasa superficie. Él sintió cosquillas por semejante gesto, pero se quedó dispuesto a ver qué seguía. Ella cerró los ojos y siguió lamiendo sus manos, y luego se concentró en su dedo índice. Lo colocó por completo en su boca. Lo introdujo y sacó, como suele hacerse con una paleta de helado. Él empezó a complacerse más de lo esperado y comenzó a sentir cosquilleo en la región más íntima de sus pantalones. Ella, que era muy consciente de lo que hacía, parecía no estar pendiente de él; eran sus dedos lo que le interesaba, y así, uno por uno, los fue saboreando como fruta pulposa. Por un rato, estacionó su boca en la parte inferior del dedo grueso, y entonces, degustándolo, le dirigió una mirada tan lasciva como ausente. A él le brillaba la mirada y ella comprendió que era hora de hacer algo más. Entonces tomo la mano de él y la poso sobre su pecho izquierdo. Cuando el se deleitó con la dureza turgente de su seno, estalló en mil llamas y él espacio empezó a arder...


© Derechos de autor Gnosis Rivera​

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Comida y masturbación

En ocasiones, comer sin compañía es como masturbarse. Con ingenuidad les pidoque no se estacionen en la palabra masturbación y se abran, sin prejuicios, a lo que quiero significar. 

Verán, tienes todos esos ingredientes maravillosos sobre tu mesa en la cocina. En tu tabla de abedul, has dispuesto filete de pechuga de pollo y le espolvoreas pimienta y sal, un maravilloso matrimonio de cocina que hasta tiene su propio verbo: salpimentar. Te sientes creativo y te atreves con un poco de albahaca seca. La estancia huele divino, porque has puesto a hervir dos papas y agregaste dos hojas de laurel, entonces la magia se ha esparcido por todos lados. Te vas directo al frutero y sacas un tomate pequeño -total, es solo para ti-.Te encanta ver como el cuchillo se clava en la pulpa jugosa y roja del tomate que, sometido al filo de la hoja, despide todos sus jugos. Si eres amante de los cuchillos, como yo, admirarás la maravilla de un corte limpio, tantocomo el imponente sabor de la rúcula.
En fin, …

Otra cara de la depresión

Tal y como he publicado en Wall Street International Magazine

Padezco de depresión. No puedo afirmar que nací con ella, pero sí sé que desde pequeña vivo días de intensa tristeza y desesperanza. Me considero una mujer exitosa, y lo soy; hasta hoy he acumulado logros que me hacen sentir valiosa e importante. He vivido momentos de plenitud y felicidad, generalmente tengo mucha vitalidad y energía. Si me miras, verás a una persona absolutamente normal, con brillo en la mirada, sociable, que sonríe y está presta para conversar y hacer bromas. Pero siempre la depresión ha estado ahí, rondándome cerca. Apenas descansa por tiempos, para regresar vigorosa. Muchos dicen que soy hermosa, atractiva e interesante. No solía prestarle atención a mi apariencia porque la verdad es que nunca me gusté mucho. De un lustro a la fecha es que empecé a reconocerme en ese terreno; antes me concebí de lo más corriente, alguien que no llamaba mucho la atención. Hay días en que despierto y me siento lo más insípi…

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…