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Una forma de ser felices...

Hay una felicidad quieta, que aturde suavemente, que se te rie por las esquinas de la casa, escondida, silenciosa, pero tan evidente como la tos, y tan sorpresiva como encontrar un billete de 100 en un bolsillo, olvidado. 

Hay una felicidad cómplice, coqueta, con la prisa del adolescente y la sabiduría del adulto. 

Hay una felicidad que sucede al saberse pleno, completo, feliz, queriendo ser mejor y más. Esa felicidad se saborea cuando la lengua moja los labios y los dientes se aprietan en la furia de una declaración. 

Es una felicidad que se asoma en los balcones de las miradas del desconocido que se sabe hermano. 

Una felicidad que cuelga de las manos del que piensa un poco como tú, que comulga con tu lucha, que en silencio comprende tu filosofía y te acompaña es la triste soledad de las ideas. 

Hay una felicidad dentro de mí y por eso el mundo es bello; aún con toda el escremento que sale de los diarios, aparecen lotos azules y rosados, abiertos y dispuestos a expandir belleza. 

Hay una felicidad pariendo esperanzas, pujando y gritando fe color violeta y naranja.

©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-

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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
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Mi bronquitis

Desde mi primera juventud – la verdad que no sé son cuántas juventudes hay, ni quien las cuenta– tuve tendencia a los resfríos. Primero fue la congestión de los senos paranasales. Bastaba que lloviera para que mi nariz tuviera su propio tsunami. No podía usar perfume, ni bañarme con el clásico Palmolive rosa, que tanto gustaba a mi madre. Los olores me mataban.

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