El castillo

Fotografía tomada en Indonesia; Autor: Desconocido. Imagen extraída de la red.-

Había construido un castillo la noche anterior y me pidió que, por favor, no lo destruyera. Le dije que lo mantendría intacto.
A la mañana siguiente la dejé en la escuela y me dispuse a prepararme para ir al trabajo. Cuando regresamos a la casa, ella de su día de colegio y yo de mi faena del trabajo, ambas estábamos cansadas. Abrí la puerta y ella se dirigió a la esquina donde estaba su castillo. Exclamo: -¡¡no lo quitaste!!- Se abalanzó a mi con una alegría y agradecimientos enormes. Fui una mamá muy feliz en ese momento.


Ver la felicidad de tu hijo porque puede jugar en su castillo imaginario, uno que construyó a base de cojines, cajas vacías y juguetes, es insuperable. Te das cuenta de lo simple que resulta mostrarle al niño que el mundo es un lugar bueno para vivir. Apostar a ellos, con fe, con actos pequeños, con menos NO, sobre todos esos NO que no son tan imprescindibles.
No te subas
No te bajes
No te ensucies
No te mojes
No te hagas esto
No hagas lo otro
No salgas
No entres

Al final, como dijo el amiguito de Mafalda: Es muy difícil ser niño si no te dejan ejercer.
Sobre todo, no dejar que los niños experimenten y jueguen les evita desarrollar confianza. Esa confianza básica que más luego necesitarán; sobre todo cuando descubran que la vida puede ser una verdadera mierda en ocasiones, pero que en otras, es estupenda y genial. Esa confianza les servirá para afrontar todo lo difícil que implica el vivir.
Cariños!
Gnosis

Entradas más populares de este blog

Otra cara de la depresión

A nadie

Ocho lágrimas