Ir al contenido principal

Mujer grande sola...



Cuando se tiene mucho tiempo sin pareja y se es una mujer grande (divorcio incluido), realmente lo fastidias muchas veces. Se te ha olvidado cómo se hacen las cosas. Entonces decides ser. ¡Tienes que ser!, de hecho, SER es la única opción a la que puedes apelar porque ya estas muy grande para poses y juegos.
Ser es desnudarte, es dejar que esa persona se acerque a ti y vea todas tus partes, las lisas y la callosas -y no hablo de una vagina y axilas depiladas-. Esa persona verá todas tus luces y tus sombras -mierdas incluidas-, porque es lo que harás, mostrarle quién eres. Y vendrá un día cuando estarás de un humor espeso, ese que acumulaste con los años, porque cuando te vas haciendo grande, los humores se ponen cada vez más y más espesos, ¡y eso también eres tú!
¡Pero todo está bien!, estas solo SIENDO. Y se supone que la persona que está frente tuyo debería verte en todas tus formas... se trata de eso, ¿no? De no mentir, de ser honestos, de elegir al otro conociéndolo.
Además, el otro está siendo también, porque quieres un hombre luchado, vivido, resuelto y que esté tan harto de las poses y los juegos como tú. Quieres un hombre que SEA. Pero no siempre sabes cuál es la mejor forma de ser sin lastimar al otro. Sobre eso aprendemos en el camino y solo gracias a una comunicación afectiva y efectiva es que podemos aprender uno del otro.
Y ese otro, con el ego herido, porque lo has defraudado sin saber que lo estabas haciendo, te culpa, a ti, que solo estabas intentando ser, que solo estabas bajando un muro, el que levantaste a base de mucha soledad y errores de los más variados. ¡Sí! lo fastidiaste, ¿pero no es acaso eso lo que ocurre cuando eres humano, persona, cuando intentas hacer algo honesto? ¿equivocarte no es uno de los más posibles resultados en esa lucha de ser y darse al otro?
Lo fastidias y lo arreglas, o al menos lo intentas... ¡porque te importa! No te quedas en silencio, molesto, con el ego herido, tomando más distancia de la necesaria. Por sobre todo, lo arreglas porque aprendiste que solo la gente muy unida y cercana se lastima, es así como ocurre. Y nos lastimaremos sin intención de hacerlo, un día tú y un día yo. Porque ambos sabemos que el propósito de dañarnos no nos ocupa, pero que somos humanos, que estamos grandes y que cargamos mucho dentro de nosotros, pero que seguimos creyendo en la vida de pareja.
Y no me engaño, todo esto no es fácil, por eso mucha gente decide quedarse solo. Se convence de que la soledad es lo mejor, pero esa es la paja mental mas extendida que existe. Nadie quiere estar solo, nadie quiere comer en un comedor donde se use solo una silla, todos queremos el vasito del baño con más de un cepillo dental ¡dejémonos de pendejadas...!
Y sigue siendo difícil, pero no imposible.

Cariños, Gnosis

Entradas más populares de este blog

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…

Mi bronquitis

Desde mi primera juventud – la verdad que no sé son cuántas juventudes hay, ni quien las cuenta– tuve tendencia a los resfríos. Primero fue la congestión de los senos paranasales. Bastaba que lloviera para que mi nariz tuviera su propio tsunami. No podía usar perfume, ni bañarme con el clásico Palmolive rosa, que tanto gustaba a mi madre. Los olores me mataban.

Con el tiempo, y por suerte, esa condición fue variando; ya no era un payaso andante, puesto que mi nariz vivía enrojecida.

Yo fui creciendo y me di cuenta que algunas enfermedades traen consigo un andamiaje emocional. Y eventualmente me vi repitiendo, cada cierto tiempo, una bronquitis asmatiforme, así decía el diagnóstico. Yo siempre me propuse ver más allá, me pasaba de la línea, sacaba mis propias conclusiones; tuvieran ciencia o no, ellas me satisfacían y, al menos, me ayudaban a entender mejor mi deficiencia de salud y mi cuerpo.

Hace un tiempo que vengo callando, que vengo sintiendo harto y diciendo nada. He tenido potentes…