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Mi tristeza

Imagen extraída de SplitShire.com. Imágenes libres de derecho de autor.-

Hay quien dice que hay mucha tristeza en algunos de mis textos. Realmente la tristeza siempre ha estado en mi vida. La conocí a muy temprana edad. Durante un tiempo, más largo del necesario, quizá, luché contra ella; le peleaba por días y llegamos a tener cruentas luchas donde yo terminaba agotada y ella peor. Eventualmente comencé a aceptarla, entonces llegamos a un acuerdo. Uno donde ella seguía siendo quien era mientras yo pudiera vivir otro tipo de sentimientos. Fue entonces cuando empecé a fabricar mis alegrías. Inventaba mis personajes, mis diálogos. Inventé mis lunas y mis nubes. Hasta logré hacerme con un sol portátil, así, cada vez que asomaba la lluvia de tormenta, yo tenía luz radiante, solo para mí.
Empecé a darme cuenta de que realmente tenía talento para las alegrías ficticias, fabricadas. Eso me hizo sentir ganadora. Sin embargo, por momentos el acuerdo me jugaba en contra, porque muchas tristezas se quedaban acumuladas en la trastienda de mi garganta y mis costillas, y cuando les daba por salir la húmeda sal ocupaba mis ojos por días y mis alegrías terminaban sitiadas por toque de queda.
Mucho tiempo ha pasado y he terminado aceptándola con acuerdo renovado. Ella me ha enseñado mucho. En mi corazón hay tapices de alegría, pero gran parte del empapelado le pertenece. Yo y ella, ella y yo. Nunca se trató de que yo ganara o que ella venciera. Siempre se trató de aprender a vivir con ella.
Cariños, Gnosis

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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
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Mi bronquitis

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