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Mi tristeza

Imagen extraída de SplitShire.com. Imágenes libres de derecho de autor.-

Hay quien dice que hay mucha tristeza en algunos de mis textos. Realmente la tristeza siempre ha estado en mi vida. La conocí a muy temprana edad. Durante un tiempo, más largo del necesario, quizá, luché contra ella; le peleaba por días y llegamos a tener cruentas luchas donde yo terminaba agotada y ella peor. Eventualmente comencé a aceptarla, entonces llegamos a un acuerdo. Uno donde ella seguía siendo quien era mientras yo pudiera vivir otro tipo de sentimientos. Fue entonces cuando empecé a fabricar mis alegrías. Inventaba mis personajes, mis diálogos. Inventé mis lunas y mis nubes. Hasta logré hacerme con un sol portátil, así, cada vez que asomaba la lluvia de tormenta, yo tenía luz radiante, solo para mí.
Empecé a darme cuenta de que realmente tenía talento para las alegrías ficticias, fabricadas. Eso me hizo sentir ganadora. Sin embargo, por momentos el acuerdo me jugaba en contra, porque muchas tristezas se quedaban acumuladas en la trastienda de mi garganta y mis costillas, y cuando les daba por salir la húmeda sal ocupaba mis ojos por días y mis alegrías terminaban sitiadas por toque de queda.
Mucho tiempo ha pasado y he terminado aceptándola con acuerdo renovado. Ella me ha enseñado mucho. En mi corazón hay tapices de alegría, pero gran parte del empapelado le pertenece. Yo y ella, ella y yo. Nunca se trató de que yo ganara o que ella venciera. Siempre se trató de aprender a vivir con ella.
Cariños, Gnosis

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-