Ir al contenido principal

Tiempo en ti


Imagen obtenida en la red.-
Viernes dos, de un diciembre equis. Los diciembres tienen cara de final. Yo igual le he visto ese mismo rostro a muchos otros meses. He visto finales en febreros, abriles, septiembres. De hecho, tengo un marzo que viene siendo final hace hace dos años. ¡Quién te dice a ti cuándo termina!

En las finales de la NBA aprendí algo muy valioso: nada termina hasta que acaba. Y es que quince minutos pueden convertirse en media hora. Y es ahí cuando te preguntas, ¿qué carajo es el tiempo? ¿Quién le puso vestido a los minutos, quién nombró los días y las horas? 

Puediera decir que el tiempo no existe, que es una invención humana para delimitar el no se qué y que llenamos con experiencias. Y que ese no se qué puede estar muy vacío o muy lleno. Este momento, sí, este mismo momento en el que construyo estas líneas, ¿realmente está ocurriendo?, ¿pasa?...¿qué ocurre con el momento en que te pienso?, ¿una hora en tu boca, es igual que una hora en la ducha, sola?. ¡Ya ni sé!

Creo que eso del tiempo es el mejor invento de la humanidad. Yo ni uso reloj. Me sé los minutos de memoria. Me los aprendí de pequeña, cuando memoricé en la espera eso que nunca llegó, cuando aprendí a ver la luz en medio del cuarto oscuro. Se de horas, semanas y lustros. Aunque de algo sí estoy segura, sea lo que sea el tiempo, cuando es en ti es un tiempo valioso. Y los finales, si concluyen junto a ti, no son más que pequeños inicios.


Derechos de autor Gnosis Rivera
(este texto lo escribí un día como hoy, hace un año)

Entradas más populares de este blog

Otra cara de la depresión

Tal y como he publicado en Wall Street International Magazine

Padezco de depresión. No puedo afirmar que nací con ella, pero sí sé que desde pequeña vivo días de intensa tristeza y desesperanza. Me considero una mujer exitosa, y lo soy; hasta hoy he acumulado logros que me hacen sentir valiosa e importante. He vivido momentos de plenitud y felicidad, generalmente tengo mucha vitalidad y energía. Si me miras, verás a una persona absolutamente normal, con brillo en la mirada, sociable, que sonríe y está presta para conversar y hacer bromas. Pero siempre la depresión ha estado ahí, rondándome cerca. Apenas descansa por tiempos, para regresar vigorosa. Muchos dicen que soy hermosa, atractiva e interesante. No solía prestarle atención a mi apariencia porque la verdad es que nunca me gusté mucho. De un lustro a la fecha es que empecé a reconocerme en ese terreno; antes me concebí de lo más corriente, alguien que no llamaba mucho la atención. Hay días en que despierto y me siento lo más insípi…

Comida y masturbación

En ocasiones, comer sin compañía es como masturbarse. Con ingenuidad les pidoque no se estacionen en la palabra masturbación y se abran, sin prejuicios, a lo que quiero significar. 

Verán, tienes todos esos ingredientes maravillosos sobre tu mesa en la cocina. En tu tabla de abedul, has dispuesto filete de pechuga de pollo y le espolvoreas pimienta y sal, un maravilloso matrimonio de cocina que hasta tiene su propio verbo: salpimentar. Te sientes creativo y te atreves con un poco de albahaca seca. La estancia huele divino, porque has puesto a hervir dos papas y agregaste dos hojas de laurel, entonces la magia se ha esparcido por todos lados. Te vas directo al frutero y sacas un tomate pequeño -total, es solo para ti-.Te encanta ver como el cuchillo se clava en la pulpa jugosa y roja del tomate que, sometido al filo de la hoja, despide todos sus jugos. Si eres amante de los cuchillos, como yo, admirarás la maravilla de un corte limpio, tantocomo el imponente sabor de la rúcula.
En fin, …

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…