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Media sonrisa...



Tienes de esas sonrisas que lucen a mitad... a mitad de darse, a mitad de un secreto, a mitad de un sueño; de esas sonrisas que aprendieron a no darse enteras, o que quizá esconden una broma sugerente, tras la cortina de los dientes. 


Tienes esa sonrisa medio niña, medio dama; que sugiere un propuesta, de esas que hay que estudiar con sigilo, pues te costaría perderla. 


Tu sonrisa es un misterio, mujer; un misterio que invita a ser invadido y descubierto; arrebatado, asumido como propio y tomado, como se toman los tesoros en islas desiertas. 


O mejor, tu sonrisa debe ser solo disfrutada a la distancia, admirada a lo lejos, soñada como un imposible, sin pretender más que verla, tocarla con los ojos, besarla ligero y luego, retirarse, sabiendo que se tocó el cielo.


Derechos de Autor Gnosis Rivera
Con afecto para Lucía Sianamardi Ugarte
Imagen obtenida en Pinterest
No utilizada para fines comerciales

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
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Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
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Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-