Ir al contenido principal

Dentro

Estando tan, pero tan aburrida del llanto, se estacionó en una risa deforme.

Su boca, tremenda, gigante, se esparció por toda la cara, convirtiéndose en un cráter gigante.
En ella metió su puño, y resolvió ir directo a las costillas. Rasgando en el trayecto su garganta, tropezó con las amígdalas. Su propio puño le ahogaba, pero la risa continuaba, histérica, y el aliento le ardía en el antebrazo.

Logró meterse bien hondo en su propia anatomía. Todo el puño en su garganta, luego el codo, hasta que su propio hombro se atascó en el estómago. Ahí, nadando en las tripas, estaba el café de la mañana, pero todo el aroma era café de septiembre. Ese septiembre de siempre.
Junto a la taza estaba él, sentado, llevaba calzoncillos blancos y tenía las piernas colgando en un taburete.

¡Él en su estómago!.. Por eso los constantes dolores de estómago; ahora entendía su estreñimiento de años. Ese septiembre ha debido irse, junto con él, su taburete y la taza. Pero gracias a los dioses ya comprendía todo.

-¡Voy a salir! Devolveré mi puño. Ahora y no después… -

Le dolían el estómago y los intestinos, igual le dolía la garganta. Las palabras sabían a moho y ensuciaban su antebrazo cuando iba de regreso a la salida. Había granos de café y semillas de albahaca. El suelo en su garganta le olía a comino.

Sacó el brazo. La boca volvió a su tamaño original. Terminó la risa. Queda el llanto.

Todos los Derechos Reservados
 ©Gnosis Rivera

Imagen: Josephine Cardine
http://www.cardinphotography.com/about

Entradas más populares de este blog

Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-