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Despedida


Ahora me iré al olvido, al deshábito de la ilusión por ti; 
me iré al tiempo donde no estabas, recordaré ese momento en que respiraba y no era por ti
ese momento donde el café no era más que café.
Me iré al uso de los días donde no te espero, donde apenas existes. 
Me iré a la vida, a ver qué tal me va. 
Y desde lejos te miraré, espero verte alegre, feliz, pleno y contento.
Me iré como pueda irme, me tomará tiempo irme, pero me toca partir.
Tu espacio ya no es mi espacio, nuestras luchas son distintas, por más que he querido unirlas. Entonces, me voy al olvido.
Él me había seducido varias veces, y sus manos rozaron las mías, varias veces, intentando retenerme, pero me resistí tanto como pude y hoy le miro de frente, y le reconozco que ha ganado, el olvido me ha ganado, así que me iré a él, pero no porque lo quiera, sino porque me toca sobrevivir... así sea olvidando, desenhebrando recuerdos, ilusiones, esperanzas gruesas, espesas, compartires y abrazos muchos!
Me iré al olvido y a la vida... y que el universo me guíe y me ayude. 


Gnosis Rivera.-

Imagen: Mujer caminado con globos y maleta
Obtenida de la red.- 

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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
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Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
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Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-