La orquídea de mi hermana


La miré mientras iba con las manos repletas de ropa sucia. Me dirigía al lavadero a hacer la colada. Tenía menudas florecitas agrupadas como en reunión, venían de un mismo tallo, y salía por entre las rejas tal y como las vi hace tres años atrás. Ellas son así. Tienes que amarlas como son. En lo que a mi concierne, ha sabido fragmentar mi paciencia en varios trozos, entre “pare cuando te dé la gana” y  “quizá este año se dé el milagro"; me he desentendido de ella muchas veces. Y cuando me refiero a "ella" es a una planta que protagoniza, con pocos méritos, claro, el centro de mi comedor redondo de cristal.

Mi hermana dejó tras su espalda este pedazo de tierra de brazo de su esposo y con mucho gusto renunció a estos tres cuartos de isla. El día que levantó la mano y juro por el trozo de tela con rayas y estrellas, me llamó llena de una emoción que todavía está tratando de hallar sentido dentro de mi mente. El asunto es que ha dejado bajo mi tutela una de las plantas que menos aprecio; de eso ya hace más de tres años y solo entonces les vi flores, creo que eran color púrpura.

Lamentablemente, Cortázar no dejó instructivos para las orquídeas, o al menos no he dado con uno. Así que, a fuerza de hacerme tutora única de esta particular y tan popular planta, he aprendido de la tenacidad, la indiferencia –yo no soy nada indiferente a mis plantas, a quienes les dejo besos y les hablo y cuento cosas-; aunque confieso que también he aprendido sobre la especial atención que ella merece; he tenido a agotar un apostolado de paciencia y me he descubierto queriéndola -asumirla- como es: con muchas hojas verdes y lindas, ¡eso sí!, y con unos palitos de varios tonos de verdes de los cuales no tengo ni idea qué son, solo que les salieron de entre sus hojas; me hice ilusión de que eran la antesala de hermosas florecillas, pero no, de eso ya van semanas y nada ha cambiado.

Le compré abono, me asesoré con los que saben, en fin, me dediqué a ella, no la ignoro sino que al contrario, le digo que respeto la  sabiduría de sus tiempos y sus estadios y que cuente con amor y espera; que ya no me dirigiré a ella con reclamos ni reproches, mucho menos exigencias, que haya lo suyo a su tiempo. Mientras, seguiré viendo las orquídeas de la casa de al lado, la que está en un segundo nivel, que no hay año que no esté tupida de flores.

Gnosis Rivera
13 de octubre de 2017
En honor a la orquídea de mi hermana.
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