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Poder

La mayor conquista de un ser humano está en conquistarse a sí mismo. Ello implica ser leal a sus ideales y valores, pero por sobre todo: SER LEAL A SÍ MISMO. Más aún, saber cuándo el ideal y el valor pierde vigencia y no reditúa en felicidad y bienestar mental y espiritual. Si te obstinas en una idea, comportamiento, actitud, vale preguntarse: ¿ESTOY SIENDO LEAL A MI O A LO QUE CREO? ¿Vale la pena esta obstinación? ¿Soy feliz en ella? Mirarte al espejo y tener el coraje de decirte: Esta idea, esta forma de pensar, esta actuación, este (aquí iría lo que sea que decidas) estuvo mucho tiempo en mi, lo acepté, crecí y me serví de él, actué de acuerdo a él y hasta he cambiado, pero ahora soy distinto, distinta, y decido renovar(me). Los ideales y valores son para el hombre y no al revés.. La mayor conquista de todas: ROMPER EL PROPIO PARADIGMA y convertise en un SER NUEVO. No hay que temer, la esencia nunca cambia. La esencia, es eso, ESENCIA.


Gnosis Rivera.-
En la imagen: Pintura de GuyDennyn…
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Silencio

Los beneficios del silencio oportuno, como ejercicio de la voluntad, son maravillosos. No solo en términos fisiológicos, por el descanso de las cuerdas vocales; sino que el tiempo que invertimos hablando (sea que opinemos sin que nos hayan preguntado, o dando consejos que no nos han pedido, o quejándonos, criticando, hablando sobre lo que sea, banal, o no) podemos utilizarlo en algo muy valioso: Observar. 

Cuando observamos estamos ante la oportunidad de ejercitar el asombro, la sorpresa, el sentimiento de admiración. El silencio nos predispone, si así no los proponemos, a aprender; nos conectamos con el entorno, nos enteramos de mil cosas que damos por sentado, pues al darlas por seguras, las olvidamos y verlas nuevamente es como hacerlo por primera vez. 

Otro beneficio del silencio es escuchar: qué piensa quién o nuestros quienes más cercanos. Escuchar nos ayuda a comprender, sobre todo cuando escuchamos para entender no para responder, replicar o rebatir, pero sí para hacernos partes…

Cosa

Sentada y muy cómoda. Tres almohadas separaban el corriente algodón de su bata de la dura superficie de la pared. Sin embargo, tenía instalado justo ahí, en el medio de su universo, algo tan duro, grueso y pesado como qué ¿? Realmente no tenía con qué comparar lo que se había mudado ahí, solo sabía que pesaba y dolía mucho. Esa cosa se movía con ella, a todos lados. Si bajaba la cabeza, se le instalaba en la boca. Cuando se sentaba, se hacía lugar entre la garganta y el estómago. Si se paraba, la cosa se mantenía en alerta. Siempre, ¡siempre! cargando el mismo pegote de dolor pesado y grueso. Esa cosa parecía tener vida propia, agenda y propósito, pero ella últimamente no le hacía caso, lo o la dejaba ser. Carecía de género, porque a fuerza de pesar y doler tanto, no había espacio para eso. Dolía, ¡por los dioses! que le dolía… y llevaba días con esa cosa ahí, en el centro de su universo. Derechos de Autor: Gnosis Rivera
Derechos de imagen: Josephine Cardine, http://cardinphotography.co…

Iniciando el camino de regreso

He visto nubes que parecían trozos espumosos de suelo sobre los que saltar y saltar, como los niños sobre colchones, sin temor, sin miedo... solo saltar.
He visto el mar, con sus olas, todas distintas, 
¡ninguna igual!... de sonido envolvente y suave.
He visto el cielo, luego de veintitrés días el azul de esa gran bóveda que me sirve de techo se presentó como nuevo ante mis ojos. Y fue la alegría, pequeña, pero fue la alegría.

He visto el suelo, de tantas formas, lisas, con accidentes de raíces necias y obstinadas por safarze de destino de entierro. He visto la maleza en la tierra, y la pensé hermosa, con tantos verdes distintos, con hojas de tan diversos y hermosos contornos. Algunas vestidas con gotas de amanecer. Otras secas y enredadas. Las he visto acolchando el borde de las aceras, recibiendo rodillas traviesas, y soportando traseros cansados que procuran un tiempo de descanso.

He visto rostros de gente, gente nueva, gente transparente y al verlos, he vuelto a sentir cómo mis labios …

Cuando no quieres estar más

O quizá no es que no quieres, es que "sientes" que no puedes más. Tu mente, por algún motivo, te ha convencido que "irse" es la única opción; y no es que diga "algún" como quien no encuentra una justificación o motivo y usa esa palabra para designar a lo imaginario. Realmente hay razones muy concretas debidamente identificadas por la propia persona que decide la "salida", y también diferenciadas por la comunidad médica.
Algún motivo es una infinita sensación de tristeza instalada en la psique, y por ende, una cruel ausencia de voluntad en el cuerpo para realizar las actividades más simples y comunes del día a día, como salir a la calle, bañarse, o comer. Es solo querer dormir o no logar hacerlo. Es pánico, miedo, angustia, y la peor de todas: la sensación de desesperanza.
El resumen de todos estos "algunos" -y muchos otros más-, cuando persisten por un tiempo prolongado, se presentan en forma crónica, y dificultan de manera importante …

Nuevamente noviembre

Noviembre, has llegado, no sé si por fin, o solo llegaste. Es que ya no espero igual. Las esperas me han estado haciendo algo de daño. Tu entrada fue difícil porque las horas previas a que tocaras la puerta, yo estaba muy agotada, cedí al sueño, esperando, -otra vez la espera- poder descansar para recibirte con una sonrisa de esas anchas y dientonas que yo suelo regalar. Pero te juro que no he podido. Igual es temprano. Todavía uso el sol portátil del que te conté una vez, así que, no te prometo, porque, ¿sabes? es otra cosa que ya no hago, prometer, pero tengo fe en que en una horas pueda darte de ofrenda de bienvenida, algo de sonrisa y luz.  No creas que por ser de repuesto, mi sonrisa y mi luz de sol portátil, tienen menos valor que el astro verdadero que siempre me ardía en el pecho, ni que mi sonrisa de muchachita loca parlanchina feliz; no. 

Esa sonrisa y esa luz que espero darte durante el día –¡y dale con la espera!; es que es difícil romper hábitos viejos-, está repleta de au…

Ansiedad

Vino a mi; toda la tarde estuvo presente. Me tomó por el pecho y luego por el cuello, hizo intentos de llegar a los ojos pero no lo logró sino hasta la noche. Me miró bien de frente. La vi de frente. No era fea, tampoco bonita, pero era. Su mirada era de un gris vidrioso. Nos miramos largo rato, yo asumiendola y ella con una pregunta tan obvia, que casi podía verle los bordes en el aire -¿Entiendes lo que te digo.... entiendes...?- Me pasé el reverso de la mano derecha por los ojos y aclaré la mirada para verla más claro. Finas cortinas de agua me impedían observarle bien el rostro. Ella estaba flexionada para lograr mi altura; yo, sentada. Volvió a indagar, esta vez con voz empática: -¿Dime, entiendes lo que intento decirte?....porque esto nos está costanto mucho a ambas...-.  La miré, con actitud resoluta, ella sabía que tal resolución no era cierta, pero me reconoció el valor de intentarla; además ella conoce bien mi obstinación. Me miró por última vez, tomó mi barbilla como todo ge…