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Cosa

Sentada y muy cómoda. Tres almohadas separaban el corriente algodón de su bata de la dura superficie de la pared. Sin embargo, tenía instalado justo ahí, en el medio de su universo, algo tan duro, grueso y pesado como qué ¿? Realmente no tenía con qué comparar lo que se había mudado ahí, solo sabía que pesaba y dolía mucho. Esa cosa se movía con ella, a todos lados. Si bajaba la cabeza, se le instalaba en la boca. Cuando se sentaba, se hacía lugar entre la garganta y el estómago. Si se paraba, la cosa se mantenía en alerta. Siempre, ¡siempre! cargando el mismo pegote de dolor pesado y grueso. Esa cosa parecía tener vida propia, agenda y propósito, pero ella últimamente no le hacía caso, lo o la dejaba ser. Carecía de género, porque a fuerza de pesar y doler tanto, no había espacio para eso. Dolía, ¡por los dioses! que le dolía… y llevaba días con esa cosa ahí, en el centro de su universo. Derechos de Autor: Gnosis Rivera
Derechos de imagen: Josephine Cardine, http://cardinphotography.co…
Entradas recientes

Iniciando el camino de regreso

He visto nubes que parecían trozos espumosos de suelo sobre los que saltar y saltar, como los niños sobre colchones, sin temor, sin miedo... solo saltar.
He visto el mar, con sus olas, todas distintas, 
¡ninguna igual!... de sonido envolvente y suave.
He visto el cielo, luego de veintitrés días el azul de esa gran bóveda que me sirve de techo se presentó como nuevo ante mis ojos. Y fue la alegría, pequeña, pero fue la alegría.

He visto el suelo, de tantas formas, lisas, con accidentes de raíces necias y obstinadas por safarze de destino de entierro. He visto la maleza en la tierra, y la pensé hermosa, con tantos verdes distintos, con hojas de tan diversos y hermosos contornos. Algunas vestidas con gotas de amanecer. Otras secas y enredadas. Las he visto acolchando el borde de las aceras, recibiendo rodillas traviesas, y soportando traseros cansados que procuran un tiempo de descanso.

He visto rostros de gente, gente nueva, gente transparente y al verlos, he vuelto a sentir cómo mis labios …

Cuando no quieres estar más

O quizá no es que no quieres, es que "sientes" que no puedes más. Tu mente, por algún motivo, te ha convencido que "irse" es la única opción; y no es que diga "algún" como quien no encuentra una justificación o motivo y usa esa palabra para designar a lo imaginario. Realmente hay razones muy concretas debidamente identificadas por la propia persona que decide la "salida", y también diferenciadas por la comunidad médica.
Algún motivo es una infinita sensación de tristeza instalada en la psique, y por ende, una cruel ausencia de voluntad en el cuerpo para realizar las actividades más simples y comunes del día a día, como salir a la calle, bañarse, o comer. Es solo querer dormir o no logar hacerlo. Es pánico, miedo, angustia, y la peor de todas: la sensación de desesperanza.
El resumen de todos estos "algunos" -y muchos otros más-, cuando persisten por un tiempo prolongado, se presentan en forma crónica, y dificultan de manera importante …

Nuevamente noviembre

Noviembre, has llegado, no sé si por fin, o solo llegaste. Es que ya no espero igual. Las esperas me han estado haciendo algo de daño. Tu entrada fue difícil porque las horas previas a que tocaras la puerta, yo estaba muy agotada, cedí al sueño, esperando, -otra vez la espera- poder descansar para recibirte con una sonrisa de esas anchas y dientonas que yo suelo regalar. Pero te juro que no he podido. Igual es temprano. Todavía uso el sol portátil del que te conté una vez, así que, no te prometo, porque, ¿sabes? es otra cosa que ya no hago, prometer, pero tengo fe en que en una horas pueda darte de ofrenda de bienvenida, algo de sonrisa y luz.  No creas que por ser de repuesto, mi sonrisa y mi luz de sol portátil, tienen menos valor que el astro verdadero que siempre me ardía en el pecho, ni que mi sonrisa de muchachita loca parlanchina feliz; no. 

Esa sonrisa y esa luz que espero darte durante el día –¡y dale con la espera!; es que es difícil romper hábitos viejos-, está repleta de au…

Ansiedad

Vino a mi; toda la tarde estuvo presente. Me tomó por el pecho y luego por el cuello, hizo intentos de llegar a los ojos pero no lo logró sino hasta la noche. Me miró bien de frente. La vi de frente. No era fea, tampoco bonita, pero era. Su mirada era de un gris vidrioso. Nos miramos largo rato, yo asumiendola y ella con una pregunta tan obvia, que casi podía verle los bordes en el aire -¿Entiendes lo que te digo.... entiendes...?- Me pasé el reverso de la mano derecha por los ojos y aclaré la mirada para verla más claro. Finas cortinas de agua me impedían observarle bien el rostro. Ella estaba flexionada para lograr mi altura; yo, sentada. Volvió a indagar, esta vez con voz empática: -¿Dime, entiendes lo que intento decirte?....porque esto nos está costanto mucho a ambas...-.  La miré, con actitud resoluta, ella sabía que tal resolución no era cierta, pero me reconoció el valor de intentarla; además ella conoce bien mi obstinación. Me miró por última vez, tomó mi barbilla como todo ge…

Miedo

La niña aprieta su osito; está sola, asustada, en medio de un parque lleno de gente. Muchos se acercan y le sonríen; mujeres, hombres, ¡todos! Pero la niña no se fía, tiene mucho miedo. Sigue inmóvil, ahí, parada, muerta de susto; ¿hacia dónde iría?, tiene frío, hambre, le aprietan los zapatos y se rasca la cabeza.
La niña tiene pánico y solo tomará la mano de aquel que se acerque a ella, se coloque en cuclillas para igualar su altura, y su corazón le susurre: Ahora sí, este sí. Ese día, su corazón lo entenderá, lo sabrá. Ella tomará la mano de esa persona y se irá caminando, confiada, con calma. Varias esquinas luego, la niña se irá transformando en la tremenda mujer que ha sido todo este tiempo, solo que la niña sola, asustada, con su osito, atrapada, casi catatónica, en medio de un parque atestado de gente en la que no se puede fiar, ya no tendrá más miedos.
Derechos de Autor: Gnosis Rivera
No reproducir parcial ni totalmente
sin anuencia de su autor.- Derechos de imagen: Niña tristes.- …

La orquídea de mi hermana

La miré mientras iba con las manos repletas de ropa sucia. Me dirigía al lavadero a hacer la colada. Tenía menudas florecitas agrupadas como en reunión, venían de un mismo tallo, y salía por entre las rejas tal y como las vi hace tres años atrás. Ellas son así. Tienes que amarlas como son. En lo que a mi concierne, ha sabido fragmentar mi paciencia en varios trozos, entre “pare cuando te dé la gana” y  “quizá este año se dé el milagro"; me he desentendido de ella muchas veces. Y cuando me refiero a "ella" es a una planta que protagoniza, con pocos méritos, claro, el centro de mi comedor redondo de cristal.
Mi hermana dejó tras su espalda este pedazo de tierra de brazo de su esposo y con mucho gusto renunció a estos tres cuartos de isla. El día que levantó la mano y juro por el trozo de tela con rayas y estrellas, me llamó llena de una emoción que todavía está tratando de hallar sentido dentro de mi mente. El asunto es que ha dejado bajo mi tutela una de las plantas que m…