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Y que con eso nos baste

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Soy mujer y soy persona, antes, durante y después. Todo el tiempo soy mujer y que me baste con eso para ser. No quiero ser excusada, ni aceptada, ni respetada, ni validada por ser mujer. Porque soy persona, y no necesito ser disculpada. Nuevamente me hago presente, logro mi espacio, con mi voz interna, con grito o con susurro, y no tendré que ser aceptada, porque llego y haré, y que me baste con eso para ser aceptada.

No me obsequies respeto por ser mujer. Soy persona. El respeto que me tengas habla más de ti que de mí, que puedes llegar a pensar que ni lo merezco, que debo hacer cosas para ganármelo. Soy persona y soy mujer, y que me baste con eso para ser respetada, aun cuando tenga pendiente la tarea de reencontrarme con mi propio respeto. No me evalúes, no me valides. No soy tarea o asignatura, no soy un auto que va en prueba. No me interesa el monto que me has otorgado. No me define. Soy de valor, no de precio. Soy persona y mujer, y que me valga con eso para ser valiosa. No cono…

Fibromialgia

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Cuando fui diagnosticada de fibromialgia apenas había escuchado el término. El médico dijo: «busca en la Internet; es la enfermedad del alma». Yo no entendí del todo, aunque sí tenía idea de a qué iba con eso del alma. No solo me serví de la red, también indagué entre contactos y conocidos para saber si alguno de ellos sabía de la enfermedad y cómo les había ido o les iba, en caso de que aún la padecieran.
De los tres facultativos con calidades para diagnosticar y confirmar la dolencia, dos de ellos me dijeron sí. Yo igual me negué, pero no como quien pasa por una etapa de rebeldía, sencillamente algo me decía que había más. No obstante, como si no tuviera mejor cosa en qué ocupar mi tiempo, invertí muchos silencios meditando mi relación con el dolor desde que tengo memoria. La fibromialgia no es más que dolor y más dolor, en músculos, tendones y ligamentos. Quien la padece tiende a sentirlo ante estímulos que no necesariamente deben doler. Antes de llegar a los veintes,…

Cita

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Te invito a una cita, pero te advierto que yo no sé de citas, así que te pido que no esperes algo tradicional. No esperes un trago, verme toda producida para el deleite de tus ojos, tampoco tienes que pensar en tu mejor apariencia, porque la cita es contigo, no con cómo luces. No soy parámetro de lo que has visto o sentido hasta ahora, tampoco soy lo más especial del mundo, sencillamente soy distinta.

En mi cita, puedo ir por ti o bien puedes tú venir a mi encuentro. Podemos caminar por las calles, de esas que están tupidas de árboles y cuyos suelos vestidos de grama hayan sido visitados recientemente por algún can. Podemos parar en un café, pero un café de los que realmente venden café. Tomar uno, hasta dos. Hablar por horas de cosas simples, de esas que se van con el viento, también de asuntos trascendentales. Luego nos daría sed, y yo te invitaré alguna bebida fría, pero sin sorbetes, así, como quien no se lo propone, hacemos como que salvamos el planeta. Eso nos lleva a hablar del…

¿Lo que no se nombra no existe? Llamemos lo negro por su nombre: negro

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«¡Esta chica se ha quedado anclada en el tema de lo negro!», seguro dirá algún amigo o amiga. Ya lo ha hecho mi padre, conocidos, en fin. Pero sucede que lo negro, por decirlo de una forma, no se advierte como norma, no se contempla como posibilidad primera, es una opción apenas conveniente, no es algo que pueda ser, que ocurra, no se piensa que alguien lo sea, no es el primer pensamiento.

Es mucho lo que hay que decir sobre lo negro. Cuando es visibilizado, suele ser por dos circunstancias: o es explícitamente nombrado, lo cual suele poner a la defensiva a unos y generar ofensiva desde otros; o viene a colación como adjetivo peyorativo asociado a cualquier idea concebida en su peor parte: «negra suerte», «humor negro», «trabajar como un negro», y un ofensivo etcétera. De manera que la idea representada en el concepto negro no se atribuye a una persona solamente y no siempre en términos positivos o halagadores, sino que se consigna a cosas, objetos, características de per…

No todo el tiempo

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A veces soy una gran hoja de papel
Frágil papel lleno de letras
Letras que nadie lee
Letras que dicen mucho
Y cuentan todo.

A veces voy de costado y aun así voy entera
Completa
Toda mi verdad de un lado
Como si estuviera contenida en un cuenco plástico
Y me volteara
De aquí para allá, rodando
Con todo mi ser
Y todo lo que contengo, de un extremo y al otro.

A veces soy medio rostro
Media sonrisa color naranja
Y la otra mitad se queda intentando
Quedando en plano Monalisa
Y con ese medio rostro me basta
Y pensarán que lo han visto todo
Mas yo sé que no han visto nada.

A veces soy demasiado
Más de dos mitades o más de tres enteros
No puedo con tanto y no puedo desprenderme los pedazos que me sobran
Me cuelgo de los pechos, de mis caderas austeras
Me sobro por las esquinas de mis codos
Y por los bordes de mis pestañas.

A veces me doy mucho miedo
Miedo de no caber toda dentro de mi misma
De desbordarme y no poder recoger mis trozos
De olvidar donde se quedó una parte vital
Que luego senti…

Cierre

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De repente el nocturnal sábado se ha convertido en un domingo de medio día. Sí. He abierto mis asueñados ojos a las doce y treinta minutos de la tarde. Lo hice y sentí olores, café, los sueños que tuve. Pensé.
Agradezco este año, lo agradezco profundamente. Pero hoy, más que de agradecimiento, quiero hablarles de aprendizaje.
El 2018 fue un año repleto, rebosante de aprendizaje. Y no se si fueron de esas lecciones que les ocurren a muchos, no lo sé; tampoco si fueron las convencionales conclusiones a las que llegan las personas al término de un año, lo ignoro; solo sé que fue una cantidad bárbara de situaciones y cada una dejó su mensaje. No les contaré cómo llegué a ellas o cómo ellas vinieron a mí. Me reservo esos detalles, pero sí les comparto qué aprendí. ·Dicen que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Es mentira, si no sufres, ¡cómo rayos aprendes! Lo que si no puedes hacer es abandonarte a ese sufrimiento más tiempo del necesario. ·Nadie logra un aprendizaje más r…

Compañía

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No caminas solo;  tus pasos transitan los peatonales de las almas que te amaron, que hoy, desprovistos de vestido, te susurran paz al oído y todavía te aman.  También están los ángeles, que acolchonan con sus alas tu andar. Todo luce rústico, lerdo, pastoso.  Se atoran las puertas y las bisagras rechinan produciendo ruido de impaciencia.  Pero el tiempo no avanza ni deprisa ni lento, el tiempo avanza en su propio momento.  Un momento ajeno, a veces, a nuestras premuras. No caminas solo.  Yo estoy contigo. Las distancias materiales son solo eso: puentes, océanos, rutas, caminos.  Los afectos esenciales atraviesan a la era.  Qué será entonces un simple puente, una patria lejana, un largo camino.  Nada. No caminas solo.
©Gnosis Rivera
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