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Mostrando las entradas de febrero, 2015

Mi poesía

Poesía, del pozo de mi tristeza bebes agua y de la fuente de mi alegría te alimentas! te sirves de mis vacíos, y con mi plenitud llenas tu panza. En mis blancos te vistes del color más negro, y con el púrpura y el rojo, te has hecho un vestido amarillo,  que te llega a los tobillos!
Poesía, me haces sentir tanto, que me pinchan y no grito. Me he ahogado en tus palabras y en mi garganta gritan, ausentes, las vocales que guardé para mi, egoísta de tu prosa!
De tu balcón me colgué....y desde mi cuello voy pendulando, como si mi cuerpo dictara el zig zag de los minutos muertos. Pero no he fallecido por ahogarme con tu aire, no!,  todo lo contrario! desde ti me he colgado, y me deslizo  alegre y triste, al mismo tiempo, por sobre ti, desde ti, y dentro tuyo, poesía...
Que me das la vida y me la quitas. Que me alimento de ti, pero no te engullo! Que te sirves de la gran carencia que me consume y te repletas los apetitos con mi hambre.
Eres tú, poesía, la única que me entiende.  La que está! Eres en mí, lo que per…

El otro lado de tu voz

En ocasiones, tu voz se convierte en daga y hiere... y corta... Cobra mi sangre, como si fuera el precio acordado, por darme tú el amor, ese que mío reclamo, del que, soberbia,
me creo más que merecedora, dueña.
Entonces me revelo en llanto. 
Y resuelvo llorarte hasta volverte mudo. Y terminan supurando desde mi, 
los más amargos borbotones de angustia.  La más grueza de las gotas. Gotas de dolor y de pesadumbre. 
En ocasiones, tu voz se vuelve suavemente hiriente. Y como cristal diminuto, 
te incrustas en la dermis de mi sensible corazón.  Y mientras más chico, más hondo se instala tu trocito de voz.  Ese cristal transparente me susurra... se clava y corta.  Me hace aristas perversas, que más tarde acariciarás con tu otra voz, la de la ternura y la del perdón, la de la dicha y el consuelo.
Y aún en tu voz de duelo, 
te amo. Te voy amando mientras duele... mientras corta... mientras resuelvo llorarte. Y callo...no porque no pueda hablarte... es que tu voz ocupa el espacio, ese que gravita entra la herida y…

Tu voz...

Te lo juro...
tu voz tiene caderas!
y cuando me hablas,
se contonean en mis oídos.
Tu voz se va meciendo dentro mio....
de aquí para allá y de allá,
hasta el mismo cielo de mi centro.
Su cadencia me envuelve como manto de viuda en iglesia.
Toda mi cabeza, toda yo, envuelta por tu voz.
Hipnotizada, sigo al aleteo de cada palabra,
que con tus labios tropieza.
Tu voz, es un gusano de seda,
que, lento, serpentea en mis oidos
y de ti, me hace presa.
Derechos de Autor Gnosis Rivera.

VIENTO

El viento tiene tu aroma... abro la boca, y en mis papilas te salivas, me sabes a miel y sal mezclados. Hueles a lluvia de tres de la tarde, sobre mi asfaltado vientre
de hojas tupido.

Del viento tu voz recibo, portentosa y ronca, la escucho susurrar entre mis piernas y me calienta la vida... Ella me transporta al Eden donde Eva desnudó sus costillas.
Yo, que antes me creí sorda, me descubro caminando por inviernos de granizo! los oigo rebuznar bajo mis plantas, y me cortan, más no sangro... Salen de ellas mariposas púrpuras, cada una con una oruga en la mano!
En el viento, tus risas escondidas, se han fugado por el aire. Y de él me bebo tus besos, que pendulan presurosos y se sostienen de nubes. Por sobre ellas me sujeto y me resbalo y sobre tu espalda caigo, de bruces...
Levito como pluma... Del viento tu caricia y tu beso, esos que me bebí, hace párrafo y medio Sobre tu viento me meso y fallezco y en tu mismo viento, ese que me despeina, despierto.

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Llegada

Deja de toser tu pena al viento, no arañes más la desdicha! no grites tu tristeza, sorda, al estéril, yo estoy aquí!... Desenrosca tus piernas, desentiende ya, tu postura de feto abandonado, tus ardentías y clamores han llegado al precipicio de su fin.
Estoy aquí! Vine con el viento al norte, a quemar tus viejas historias. Con fuego rojo he llegado, para reverdecer tus cimientos, quebrantaré tus andamios y nos haré un nuevo techo.
Deja ya ese cuento triste, esa leyenda... mito imposible! estoy aqui, y las odres viejas se rompen, mi vino es de otro viñedo! cual Cristo, con brazos abiertos te renuevo, de tu sueño te despierto...
Estoy aquí.  Llegué! di un salto desde la torre en tu cabeza y aterricé en la cima de tus pezones, me hice con tus cosquillas, anochecidas de espera... estoy aquí! entérate! porque tus más lúgubres temores han de irse... para siempre.
He llegado a ti un enero, ...no hay para un diciembre viejo. Giraré tus primaveras, y de cabeza parirán tus flores, ya nada será igual, todo será nuevo! deja y…

Quiero conocerte (Secuencia de El encuentro)

Andrés sorbía su café. Practicaba el deporte favorito de las últimas semanas: pensar en Lucía. Había quedado con su amigo Armando, quien justo en ese momento se figuraba frente a él. - Hey!! como vas Andrés!- dijo Armando, por todo saludo. - Todo bien! - respondió,  mientras se daban un apretón de manos y se fundían en un fraternal abrazo. Siempre que se veían era lo mismo. Un cálido abrazo de hermamos. Armando y Andrés se conocían desde los cursos del bachillerato. Habían compartido muchas experiencias juntos. En fin, que eran más que amigos, cómplices y confidentes.  No le había contado de Lucía, ni de lo bien que lo había pasado esa tarde en la librería. Eso podrían conversarlo ahora.  Además, quería distraerse un poco charlando de otros temas, ya que últimamente se sorprendía más aburrido de lo habitual.
Armando era un hombre felizmente casado.  Cuando conoció a Rebecca, su mujer, Andrés se hizo a la idea de que la amistad se enfriaría, pero no fue así.  Compartían tanto como podían …

Todas te miran

Todas te miran! Se emboban con la gallardía de tu presencia. Con la fuerza de tu mirada se intimidan y con la presteza de tu  caminar se encandilan.

Observan tus labios
y se imaginan siendo besadas
con semejante pieza de arte.
Entre esos portentozos brazos tuyos
sueñan tropezar
para frenar en la torre de tu pecho.

Pero ignoran!... mucho ignoran que tienes dueña
que cada hebra de tu pelo
pertenece a la más afortunada!
a una que ya despierta tus silencios dormidos.

Ignoran que ya otra te alimenta!
que hay quien te prodiga los afectos más honestos,
que tu saliva destila con su palabra
y que le debes todo el amor
que cuelga de tu pecho.

Todas te miran...!
y te alaban y te adoran...
pero ignoran, mucho ignoran!
que tu alma ama a otra!
que no puedes otra cosa...

Saben acaso que eres sólo para una!
Se agrupan a tu alrededor
y aletean como locas...
desprovistas de cordura,
se reparten la atención de tu mirada.
Todas te miran e imaginan
que serían afortunadas...
y lo son! cierto es que ya lo son
sólo el hecho de mirarte trae f…

El encuentro (primera entrega)

Él la conoció en una de esas charlas que se imparten en una importante librería de la cuidad.  No habían coincidido en la fila de los asientos, pero le había llamado mucho la atención su comentario, luego de que el moderador diera paso al público para hacer preguntas.
Observó su pelo, los ademanes de sus manos mientras hablaba.  No tenía del todo el ángulo de su cara, pero adivinó unos pómulos maravillosos. Su boca, sería una sorpresa que más tarde disfrutaría con deleite.  En fin, que tenía que conocerla!. Esa fue la sentencia que le acompañó al concluir el evento, y al quedarse toda la concurrencia conversando con los oradores y charlando aquí y allá, no vió mejor oportunidad para acercarse a ella. Con el pretexto de ahondar más sobre su comentario de entonces, apresuró con disimulo sus pasos hacia el objeto de su distracción.
Le saludó con gentileza y respeto.  Se sintió algo torpe, pero todo le salió perfecto. Nadie lleva colgado en la frente un letrero que diga "que nervioso e…

Sí existes!

Tomaste mis margaritas,  deshojándome pétalo por pétalo. Entonces mi jardín conoció tus vientos. Tú, nube cargada de lluvia,  arropaste la orilla de mi playa, y como oceáno de lava hirviendo, te recreaste en todo mi adentro.
Y me aturdiste de amor! No recobré sentido hasta que, abriendo mis ojos, te he reconocido... Si!! has sido tú todo este tiempo. Todo este tiempo en que te amé, en que te esperé y te intuí sin saber dónde te hallabas. Siempre exististe... No eres fruto de mi espera ni de mi gruesa soledad.
Sí existes!
© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-