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Mostrando las entradas de febrero, 2017

Los estándares de una mujer

Tal y como publiqué en Wall Street International
Hace algunos días quedé para desayunar con una muy querida amiga. Entre sorbos de café y bocados de mangú de plátano, charlábamos sobre lo difícil que puede resultar para una mujer adulta encontrar pareja -y conservarla-; cuando hablamos de adulta, convenimos en esa edad que se acerca a los treinta y cinco, alcanza los cuarenta y los atraviesa, para seguir de largo a los cincuenta y tantos; ese espacio de edad que muchos, para no citar números, tildan de "cierta edad". Me tomó por ejemplo en sus argumentaciones y nos vimos en una interesante conversación sobre los estándares o parámetros que tiene una mujer para elegir pareja.
Todos, absolutamente todos tenemos puntos básicos a tomar en cuenta a la hora de elegir con quien compartir nuestras vidas, o al menos un buen segmento de ella. En la selección de pareja, más allá de los instintos y esa parte denominada química del amor, que la neurociencia ha explicado tan bi…

Pausa

A veces te tomas una pausa, una obligada, y parece que te has rendido, pero no es rendirse, es que sencillamente ya no tienes uñas para asirte de nada. Las yemas de los dedos te duelen, los pies no hacen tracción con el suelo, te duelen las pantorrillas de tanto empinarte, intentando ver ese futuro que casi saboreas en tu lengua, porque lo luchas y lo anhelas tanto, que tienes su sabor aprendido de pe a pa.

Dejas de orar, dejas de pedir, dejas de prestar atención a las señales, los sueños te dejan de importar, guardas las emociones, le das vacaciones al sentir y al presentir. Sabes que volverás, un día de estos regresarás, cuando tus uñas crezcan, cuando pare el dolor en tus dedos y cuando vuelvas a hallar el gusto en tu paladar, pero por ahora, esa pausa es tan necesaria como la misma lucha. Porque hay momentos en que, sencillamente, no puedes seguir.

Y,  ¿sabes qué? Los otros no entenderán, sus opiniones se centrarán en la parte de “paré”, no irán a ese momento en que te sostenías de …

Belleza en Ébano

Llevo tres años transitando esa esquina. Lo he hecho en auto y a pies, sea aparcando cerca o yendo camino al colegio a dejar a mi hija. Me he encontrado con perros, de “marca” y realengos. Gatas preñadas, una mujer de piernas portentosas y rostro introvertido, que siempre está vestida de harapos y acompañada de un perro grande. No ha faltado el vecino que salió “en toalla” a la acera mientras se cepillaba los dientes, ni la chica que vende té caliente entre las siete y las ocho de la mañana en la Cambronal. Las calles de Ciudad Nueva tienen vida propia. Sus casas, sus colmados –casi siempre en las esquinas– son microsistemas de historia y vivencias. Recorrerlas a diario me ha llenado los ojos de estampas, y esa mañana di con una que se quedó grabada en mi mente.
Había un bulto en el suelo. Mientras me acercaba, observé cómo se movía. Entonces advertí que había una persona escondida bajo las telas sucias color escarlata y que sin duda había pasado la noche en esa superfici…