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Mostrando las entradas de diciembre, 2016

Solo un momento...

Y la gota se revienta. Toda esa sutil redondez se esfumará ante tus ojos y nadie creerá si cuentas que existió.

Solo un momento y una leve brisa puede alejarla de tu vista y elevarla lejos, a otra nube, a otra mundo.

Nadie nunca supo qué lleva la gota dentro. ¿Aire? ¿Agua? ¿Duendes húmedos? ¿Tiene la gota deseos de ser gota? ¿Dónde se esconde su ser cuando estalla? ¿Tiene acaso deseos o ser?

En un momento, no se sabe cuándo, la gota roza la superficie y se suicida sin saberlo. ¿Sabe ella que morírá cuando llegue al suelo?

Quien trató de comprenderla y entender, se acercó suavemente, le susurró las preguntas y, tratando de sostenerla, como pluma, en sus palmas, le provocó la muerte súbita. La gota estalló en miles y mojadas formas que se esparcieron repletas de inexistencia en todo el derredor.

En un momento, la gota dejó de ser.

Derechos de Autor
Gnosis Rivera.-
Imagen obtenida de la red
No para fines comerciales
26 de diciembre de 2016

10 de diciembre 2004

Estaba en la cama cumpliendo instrucciones del doctor: debes estar en posición totalmente horizontal por un mes. Claro, él no sospechaba a quién le ordenaba semejante sentencia. Yo estuve sentada a los quince días, aunque claro, por razones de fuerza mayor y tristisimas. Lo cierto es que sin ese motivo o con él, yo ya estaba dando algunos pasitos de a minuto mucho antes.
Debían ser las diez y quince de esa mañana. Despertaba recién pues mi sueño había variado su horario a fuerza de dolor. Esos días, las noches y yo nos hicimos enemigas. Ella me llenaba de miedo, horror. Inclusive, en mi neurosis de angustia y post trauma, llegué a ver demonios danzando por sobre mi cama, recuerdo sus sonrisas maléficas y dientes de sarro. 
Estaba sentada en la esquina de mi cama de posición cuando él entró con el teléfono en la mano. -Sí...bien; ¡claro! ella se ha encargado de todo esto... Claro, claro, nos comunicamos...- Decía mi padre con mirada vidriosa y voz entre baja y queda.
Mi parte racional y l…

El mismo árbol. Otra mirada...

Hoy, como todos los días, te vi. Miro al cielo y ahí te encuentro, en la misma esquina. A fuerza de observarte diariamente, he aprendido más cosas sobre ti. Hay una pared que prácticamente te sostiene, o es lo que parece. Todo el esplendor que adivino en ti, sobresale por sobre el muro como si fuera una corona.  Ahí están todos los nidos de la otra vez. Todos, sin excepción.
Ahora que lo pienso mejor, no creo que haya sido yo quien te descubriera. Aquella primera vez el rumor de tu espíritu hizo elevar mi mirada hacia ti. Tú me llamaste. Ahora sé por qué nos entendimos tan fácilmente, solo que tú eras árbol y yo persona.  Algo puro y bueno surgió de tu tronco viejo y me recordó de dónde vengo. De la misma tierra donde están enterradas tus raíces. Esas necias, fuertes y obstinadas raíces que no se cansan de sostenerte del suelo, de mantenerte de pie, como esperando que la vida vuelva a lucirse en tus ramas.
Por eso nos reconocimos. Ambos somos necios, obstinados y fuertes. Solo que mis r…

Tiempo en ti

Viernes dos, de un diciembre equis. Los diciembres tienen cara de final. Yo igual le he visto ese mismo rostro a muchos otros meses. He visto finales en febreros, abriles, septiembres. De hecho, tengo un marzo que viene siendo final hace hace dos años. ¡Quién te dice a ti cuándo termina!

En las finales de la NBA aprendí algo muy valioso: nada termina hasta que acaba. Y es que quince minutos pueden convertirse en media hora. Y es ahí cuando te preguntas, ¿qué carajo es el tiempo? ¿Quién le puso vestido a los minutos, quién nombró los días y las horas? 

Puediera decir que el tiempo no existe, que es una invención humana para delimitar el no se qué y que llenamos con experiencias. Y que ese no se qué puede estar muy vacío o muy lleno. Este momento, sí, este mismo momento en el que construyo estas líneas, ¿realmente está ocurriendo?, ¿pasa?...¿qué ocurre con el momento en que te pienso?, ¿una hora en tu boca, es igual que una hora en la ducha, sola?. ¡Ya ni sé!

Creo que …