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Mostrando las entradas de julio, 2016

Mi pelo

Cuando cumplí quince años mi madre me hizo el regalo que toda jovencita de mi generación anhelaba: me alisó el pelo.
Recuerdo que ella insistía en que solo estaba texturizándolo y yo misma terminé defendiendo el término con mis amiguitas del colegio, como si texturizar y alizar el pelo no terminaran en el mismo resultado. Lo cierto es que sea con el Revlon color azul o negro, con TBC, o el más cruel de todos, BPT, todas las cremas alizadoras hacían lo mismo, eliminar la onda del pelo rizo hasta convertirla en una gran mata de pelo lacio.
Cuando llovía el pelo se me engrifaba de una forma que parecía, lo que llamo, una gallina matada a escobazos. El proceso de alisado incluía vinagre, como neutralizante, y ya se imaginarán ustedes lo que es una crema quemante, aplicada a casi nada de distancia del cuero cabelludo que posteriormente sería bañado con vinagre. ¡Horrible! Pero claro, esa “mala cata” había que matarla sea como sea.
Ya de adulta, un predicamento casi similar se replicaba sema…