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Pausa


A veces te tomas una pausa, una obligada, y parece que te has rendido, pero no es rendirse, es que sencillamente ya no tienes uñas para asirte de nada. Las yemas de los dedos te duelen, los pies no hacen tracción con el suelo, te duelen las pantorrillas de tanto empinarte, intentando ver ese futuro que casi saboreas en tu lengua, porque lo luchas y lo anhelas tanto, que tienes su sabor aprendido de pe a pa.

Dejas de orar, dejas de pedir, dejas de prestar atención a las señales, los sueños te dejan de importar, guardas las emociones, le das vacaciones al sentir y al presentir. Sabes que volverás, un día de estos regresarás, cuando tus uñas crezcan, cuando pare el dolor en tus dedos y cuando vuelvas a hallar el gusto en tu paladar, pero por ahora, esa pausa es tan necesaria como la misma lucha. Porque hay momentos en que, sencillamente, no puedes seguir.

Y,  ¿sabes qué? Los otros no entenderán, sus opiniones se centrarán en la parte de “paré”, no irán a ese momento en que te sostenías de las ramas apenas con los dientes, no saben de las noches de insomnio, del tiempo de risa por fuera y lágrima por dentro, no saben del pánico ni de la angustia, no saben todo lo que implicó tomar decisiones, no imaginan lo que fue postergarse en pos del bienestar de aquellos que dependen de ti, de todo el tiempo que has sido muy fuerte, porque era lo que ameritaba el tiempo.

Te hablarán del amor de Dios, de todas las bendiciones que tienes, te dirán: “quiero ver a la persona que conozco de vuelta…” o murmurarán “esta no es la persona que conozco…”, y es que quizá tienen miedo de verte en todas tus dimensiones, desde todos tus ángulos. Y caerás en la trampa de sonreír para ellos, para que dejen de exigirte un espíritu que necesita una pausa para poder seguir. Pero habrá un tiempo en que te importará muy poco que ellos entiendan o no, que te acompañen o no en esa pausa. Y pararás, con ellos o no, y muy a pesar de ellos lo harás, porque sabes, más que nadie, que parar es lo que necesitas, porque de seguir te reventarías y si eso pasa ninguno estará. Estallarás sola, y tus pedazos se esparcirán por toda la estancia y cada quien se hará a un lado para no ser salpicado.

Los más ególatras dirán con placer inadvertido: “lo sabía; se lo dije”. Los que amaron se apenarán y quizá entiendan todo, algunos murmurarán teorías sin sentido, basadas en el desconocimiento de los hechos. Los más se alejarán a buscar otro divertimiento para gastar el tiempo.

Así que para, detente, si es lo que sientes, hazlo; si lo necesitas, hazlo. Tú más que nadie sabes del polvo que pisa la suela de tus zapatos. Tú y solo tú conoces los murmullos de tu almohada, nadie conoce mejor que tú tus luchas. Además, no se puede vivir en base a los términos de otros, si se trata de tu vida, son los tuyos los que valen.

Gnosis Rivera
Imagen: Mujer mirando al mar
Obtenida de la red.

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