Nuevamente noviembre



Noviembre, has llegado, no sé si por fin, o solo llegaste. Es que ya no espero igual. Las esperas me han estado haciendo algo de daño. Tu entrada fue difícil porque las horas previas a que tocaras la puerta, yo estaba muy agotada, cedí al sueño, esperando, -otra vez la espera- poder descansar para recibirte con una sonrisa de esas anchas y dientonas que yo suelo regalar. Pero te juro que no he podido. Igual es temprano. Todavía uso el sol portátil del que te conté una vez, así que, no te prometo, porque, ¿sabes? es otra cosa que ya no hago, prometer, pero tengo fe en que en una horas pueda darte de ofrenda de bienvenida, algo de sonrisa y luz.  No creas que por ser de repuesto, mi sonrisa y mi luz de sol portátil, tienen menos valor que el astro verdadero que siempre me ardía en el pecho, ni que mi sonrisa de muchachita loca parlanchina feliz; no. 

Esa sonrisa y esa luz que espero darte durante el día –¡y dale con la espera!; es que es difícil romper hábitos viejos-, está repleta de auténtica intensión, lo que lo hace más verdadera que muchas otras. Incluso, hay quien ni se entera de tu llegada, sutil y silenciosa; no los juzgues, no siempre son malas personas, tampoco son malagradecidas, es solo que no se percatan de la belleza de un milagro, así  sea minúsculo.

Sabes que te recibo con fe; la alegría te la debo, no te la prometo, ya te dije lo de las promesas, pero si tengo fe, así que no te desanimes. Tu solo has lo tuyo, se el mejor noviembre de todos, yo seré mejor que mi misma, intentándolo todas las veces que sea necesario. Gracias por venir de todas formas a visitar mi hogar. Te dejo abrazos con olor a otoño tropical.

Derechos de autor: Gnosis Rivera
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En la imagen:
Hoja otoñal. Obtenida en la red
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