Silencio


Los beneficios del silencio oportuno, como ejercicio de la voluntad, son maravillosos. No solo en términos fisiológicos, por el descanso de las cuerdas vocales; sino que el tiempo que invertimos hablando (sea que opinemos sin que nos hayan preguntado, o dando consejos que no nos han pedido, o quejándonos, criticando, hablando sobre lo que sea, banal, o no) podemos utilizarlo en algo muy valioso: Observar. 

Cuando observamos estamos ante la oportunidad de ejercitar el asombro, la sorpresa, el sentimiento de admiración. El silencio nos predispone, si así no los proponemos, a aprender; nos conectamos con el entorno, nos enteramos de mil cosas que damos por sentado, pues al darlas por seguras, las olvidamos y verlas nuevamente es como hacerlo por primera vez. 

Otro beneficio del silencio es escuchar: qué piensa quién o nuestros quienes más cercanos. Escuchar nos ayuda a comprender, sobre todo cuando escuchamos para entender no para responder, replicar o rebatir, pero sí para hacernos partes, asociarnos, empatizar o reforzar ideas propias y valores. El silencio es aliado de la calma, de la paz y del autoconocimiento. 

Y para finalizar, en la oración, durante el ejercicio de cualquier tipo de creencia, es más fácil para el Universo conectar con tu necesidad o tu carencia; desde la calma y la tranquilidad el ruego es recibido. Ningún sueño o anhelo puede hacerse posible en medio de la angustia y la impaciencia.

Mil cariños, Gnosis Rivera.-
En la imagen: un niño a los pies de un elefante.
Obtenida en la red. No para fines comerciales

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