Junio


Recuerdo cuando junio era nuestro. Ese primero de junio duró más de dos días. El recuerdo, varias semanas. Ese tiempo era tan nuestro que podíamos darnos el lujo de dormir en el silencio y aun así entender todo en nuestras miradas. 
Hubo tardes en las que descubriste mis tierras no habitadas, las anduviste todas, me llenaste de cosquillas y plantaste siembra en mi ombligo. De mi parte, aprendí a tejer con tus pestañas largas hileras, entonces cerrabas tus ojos y con ellas enroscadas en mis dedos, te veía imaginar desde el centro de ellos lo que parecían ruinas, y cómo estas volvían a ser grandes obras de pueblos originarios. Terminando de tejer, veía tus lágrimas de niño; desaparecían una a una. 
¡No las cuentes!- me dijiste.  Eso hice. 
Besé tus sienes y junio seguía siendo en nosotros.
Una tarde, que no sabíamos era final, el sol se colaba por la ventana y amenazaba con sacarnos del cuarto. Dominaba todo. Su luz se reflejó en nuestros cuerpos desnudos y empezamos a reír. ¿Motivos? ¡Quién los necesitaba!, tú me tenías y yo creía tenerte a ti. El sol calentó lo que ya ardía y al minuto siguiente ninguno sabía dónde terminaba o empezaba el otro. Esa tarde nos amamos, fuimos grandes y fuimos pequeños; reímos, nos burlamos de la ventana, que quedaba chica al sol, nos mordimos los besos y aún recuerdo la presión de tus labios sobre mis llanuras y montañas. 
Junio terminó y apenas nos dimos cuenta. 
Nunca hubo otro junio. 
Ningún otro junio fue para nosotros.


© Derechos de Autor Gnosis Rivera
1ro. de junio de 2018

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