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Sola


Fui caminando, lentamente; yo no llevaba los pasos sino que ellos me llevaban a mi. A cada lado, los brazos me colgaban de los hombros, y cada uno era una extensión de mi propia pena. A lo lejos divisaba el sol y el cielo; juro que los advertía, pero mientras iba avanzando, sendas murallas de metal y concreto se iban levantando a mi paso. Me apretaban y me rozaban las sienes. Las sentía como si me salieran del pecho y del estómago, pero las veía a una discreta distancia de mi cuerpo, entonces no entendía como era eso de sentirlas eructando desde mi adentro. Ha de ser como una crónica de las soledades. Yo, igual, seguía avanzando, ya no le prestaba tanto la atención a las paredes que iban germinando a mi lado; más bien fijé mi vista en el sol que tenía delante; era un sol de lluvia, como de fuego tibio, pero era un sol, al fin y al cabo. Los soles suelen infundir confianza de que la luz está ahí, que la negrura de la noche no será eterna. Otra cosa que noté, es que había gente cerca de mi. Iban murmurando noticias sin sentido, otras iban en solemne silencio.Unos en soledad y otros en compañía. Pero no me enteraba, los miraba, juro que los miraba, pero igual no me enteraba; o quizá eran ellos que no sabían de mi. Entonces caí en la cuenta de que los muros de concreto y metal eran traslúcidos, ¿o será que estos muros solo habitaban en mi mente...?. ¡Esto era grave!; porque quizá el sol del horizonte también podría ser fruto de mi imaginación. En fin..ya me estaba abrumando demasiado. El sol, el cielo, los muros, la gente. Era demasiado para mi pobre alma. Apenas podía con mis brazos, me pesaban. Mi cabeza se sostenía gracias al cuello. No. Debía seguir...A estas alturas poco me importaba qué era cierto y qué fruto de mi mente atormentada. Debía de seguir, sea sueño o realidad.

© 
Gnosis Rivera


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Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
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Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
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Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-