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De pantallas y teclas...

Hoy es domingo.  En mi pared pintada de verde bosque, mi reloj de plástico me cuenta que ya son las ocho de la noche, pero la reflexión que deseo compartirles abordó mi cabeza a eso de las 9:30 de la mañana, mientras hacía ejercicio a orillas de mi amado mar Caribe. Resulta que iba caminando, ya de regreso, de manera que el mar azul  adornaba mi izquierda, junto con la gruesa grama verde, el sabor salado que portaba el viento, y dos empleadas del ayuntamiento municipal que hacían su labor de limpieza y, en un momento de descanso, cada una mantenía gacha la cabeza, sumergidas en sus respectivos aparatos celulares inteligentes.  Sí.  Estas mujeres que ganan el salario más que mínimo estaban con sus teléfonos de tecnología "touch". Me llamó la atención sobre todo por el hecho de que estos teléfonos no son necesariamente baratos, aunque también recordé que las telefónicas urden toda clase de planes para atraer a más compradores cada vez, de suerte que todos, hoy en día, pueden tener un aparato de estos, si lo desean.

Más adelante, me distraje con una valla publicitaria que anunciaba la reapertura de uno de los hoteles más emblemáticos de la ciudad de Santo Domingo, el Hotel Renaissance Jaragua, otrora, Hotel Jaragua. En la imagen, se veía una joven y hermosa pareja disfrutando los placeres del sol y con la vista dirigida a la seductora pantallita de un apartado celular.  Nuevamente, reflexiono al respecto y ya van surcando a mi mente algunas ideas, cosidas todas por el mismo hilo.  Horas después, llegando a la casa de una amiga y compañera de estudios de mis años de bachiller, solo hice cruzar la puerta y saludar a todos cuando me sorprendí pensando para mi, en cuál sería la clave de la red wifi del lugar, de haberla, que de seguro la había.  Mi propio pensamiento llamó mi atención y me dije: olvídate del celular y disfruta la tarde!.

Estos tres momentos del día, aunque aislados, tienen un mismo común denominador, mejor dicho, varios.  Mi cabeza va a mil por horas y pienso en muchas cosas en este respecto. Primeramente, estamos enajenados con los celulares y las conecciones a internet.  Tenemos una imperiosa y marcada necesidad de "saber" qué está pasando en el preciso momento que está ocurriendo lo que sea que esté ocurriendo.  Y no, no es que estemos al pendiende de algo en específico, sino, que no sabemos, si acaso, si nos puede interesar cierta publicación, foto, noticia, lo que fuere, que esté circulando en las redes, mientras estamos ocupados "viviendo" la vida, y eso nos inquieta, aunque no lo sepamos.  Es una adicción a estar concectados, aunque claro, mientras esto ocurre. nos desconectamos del resto.


Por otro lado, me llama la atención la manera en que los consumidores son dirigidos por la publicidad, que no es más que uno de los tantos recursos del siglo XXI, para llevar a las sociedades donde más conviene a esos poderes invisibles que nos gobiernan.  Me explico, la gran mayoría de las imágenes publicitarias que llegan a mis ojos aluden directa o indirectamente a la telefónía celular.  El hotel que les cité más arriba, no coloca a dos amantes frente al mar, disfrutando de una rica langosta, o de una refescante piña colada. No. Son dos sujetos sonrientes frente a la pantallita de un teléfono móvil.  Sepa usted, la publicidad no es solamente para resaltar calidades de un producto e incrementar su venta. La publicidad de hoy en día es para que usted desarrolle cierta conducta, hábito o comportamiento que está previamente diseñado por un poder.

¿Sabías que ya existe una aplicación que permite que la pantalla del celular se transparende de una forma que, mientras se camina por las calles, el portador del aparato pueda ver cualquier objeto o persona que se interponga en su camino, dándole la oportunidad de esquivarlo sin necesidad de apartar la vista del celular?. O sea, en vez de propiciar que las personas esten más concentradas en su entorno  y menos en la famosa pantallita, se crean condiciones para que la gente se enajene más y se funda dentro de ella.  Me da rechazo ver reuniones de grupos donde dos conversan y el resto está sumergido en sus pantallas.  El celular se ha vuelto el "mejor amigo del hombre".

Nada es solo por sí, ni al azar. Parece que nos quieren anesteciar, nos quieren dormidos, nos dan una esclavitud disfrazada de libertad, y solo porque nos hacen creer que estamos eligiendo, cuando en verdad estamos siendo dirigidos a elegir.  Aunque hay algunos visos de despertar de conciencia, muchas sociedades están sumidas en un consumismo sin sentido.  Pienso que nos urge la necesidad de empezar a autocuestionarnos, a autocensurarnos. La verdadera libertad comienza cuando empezamos a cuestionar lo establecido, y desarrollamos la capacidad de elegir.  Esta tendencia al consumo la vemos sugerida y enaltecida en la música, todo tipo de prensa, publicidad, en la TV.  En fin, todos nuestros sentidos bombardeados hacia un destino previamente diseñado.  Qué sentido tiene vivir una vida si no tenemos poder de elegir.

Yo elegí.  Me olvidé del aparatito y no fue hasta horas despues que pregunté por la dichosa clave.  Al final lo hice para comunicarme con una persona del otro lado del mundo. Elijo desentenderme de las redes cuando estoy en una actividad que implica vivir en el mundo real, no en el virtual.  Y que conste, yo estoy muy a favor de la apertura que siginifica el tener acceso a Internet, me beneficio directamente de ello, pues quien lee estas líneas, lo está haciendo por algún medio virtual, no importa dónde esté. Para mi es un privilegio y un placer poder llegar a tanta gente solo por un click.  Pero abogo por no renunciar a la capacidad de elegir.  Yo tengo un teléfono inteligente, me lo regalaron, pero si no hubiera sido así, probablemente no lo tuviera.  Recuerdo que tuve teléfono móvil cuando realmente lo necesité y entonces, en base a esa necesidad, elegí tenerlo.  Repito, la verdadera libertad empieza cuando tenemos la opción de elegir, y una buena elección tiene como base el cuestionamiento y la crítica de lo establecido.  De lo contrario, estamos yendo con los ojos vendados al matadero, como vacas.

Nos vemos en una siguiente, amigos; gracias por estar!

Gnosis

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