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Sueño

 

Tiene un buenos días. Uno cuyo sabor aún no logra descifrar. Un rostro se asoma por las esquinas de su memoria, pero no sabe qué sentido conferirle. Lo siente y lo piensa, más no atina a describir bien su perfil. Anoche, en sus sueños, apareció de frente, montando bicicleta, iba de espaldas al timón y todavía así, dominaba el destino que tenía al frente. Conducía caminos pedregosos, inclinados, obtusos, poco amigables y muy retadores para cualquier caminante. Ella iba frente a él y él frente a ella. Dominaba los espacios, besaba sus labios de tanto en tanto, acariciaba su frente y tomaba su mano. Nunca reparó en el hecho de que no veía hacia el frente, más aún, conquistaba todos los recovecos y curvas del camino. Ahora, ya despierta, tenía un extraño sabor en la lengua, y no era por al alcochol de la vispera, era el sabor de la incertidumbre, era el sabor del no saber qué venía. Un sabor tan familiar en sus papilas, uno sabor que siempre saludó. Aunque ese sabor le olía a gozo, a piel húmeda, tabaco y café. Olía a notas cítricas y a crema de rasurar. Resolvió quedarse quieta, esperando a ver que el rostro se definiera. Ni ella ni él tenían idea de qué pasaría.

Derechos de autor Gnosis Rivera

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Comida y masturbación

En ocasiones, comer sin compañía es como masturbarse. Con ingenuidad les pidoque no se estacionen en la palabra masturbación y se abran, sin prejuicios, a lo que quiero significar. 

Verán, tienes todos esos ingredientes maravillosos sobre tu mesa en la cocina. En tu tabla de abedul, has dispuesto filete de pechuga de pollo y le espolvoreas pimienta y sal, un maravilloso matrimonio de cocina que hasta tiene su propio verbo: salpimentar. Te sientes creativo y te atreves con un poco de albahaca seca. La estancia huele divino, porque has puesto a hervir dos papas y agregaste dos hojas de laurel, entonces la magia se ha esparcido por todos lados. Te vas directo al frutero y sacas un tomate pequeño -total, es solo para ti-.Te encanta ver como el cuchillo se clava en la pulpa jugosa y roja del tomate que, sometido al filo de la hoja, despide todos sus jugos. Si eres amante de los cuchillos, como yo, admirarás la maravilla de un corte limpio, tantocomo el imponente sabor de la rúcula.
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Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
Son muchos los que me acompañaron en ese tiempo, que hoy no están. La mujer que yo era hace tres años hoy es muy distinta. Me empeciné en este propósito, muté, me aislé cuando fue necesario, cuando no podía hacer otra cosa. Me hice acompañar cuando el tiempo así lo demandó. He vivido humillación, rechazo, pleitesía, una suerte de adoración por demás inmerecida. También he sentido respeto, admiración y aplauso. 
Son tres años de no creerme muchas cosas. Tres años de escribir con lo que he tenido. Unas veces mucho, otras veces absolutamente nada. Hubo momentos donde me vacié por completo, otros donde me replegué, avergonzada. Pero siempre volví, porque escribir se volvió más fuerte que yo. 
De Volando al ra…