La hoja muerta


Si apenas soy una hoja que hace lo posible por permanecer en el árbol. Si solo voy de tránsito, y por muy poco le sobreviví al invierno.
Si caigo, ¿quién notará el vacío que dejo donde antes ocupé un espacio?
¿Seré acaso el recuerdo de algo de brillante color verde?
Nadie recuerda una hoja.... Si acaso doy para un verso...
¿Sabrá alguien que tuve sueños, que ardía de vida, 
que me gozaba cada vez que el viento me llevaba y me traía?
¿Que él disponía de mi a su antojo?
Yo tenía un propósito. Atada al pequeño tallo que me unía a mi rama hogar, soñaba con recorrer nubes, conversar con otras como yo, hacer amistades verdes o marrones, según fuera la estación.  Ahora que ya no soy, que pronto haré entrada al mundo de la inexistencia y de lo que no se extraña, me fundiré con la tierra, me fusionaré con los nutrientes que alimentan la maleza. Si pudiera ser, por mucho, parte de una composta, diría que vine a la naturaleza para algo. Pero mientras voy cayendo, me reconozco insignificante, pequeña, de una tonalidad de verde que nunca pude ver en mis iguales.
Tengo la suerte, o creo tenerla, de caer boca abajo sobre los hombros desnudos de una mulata que transita bajo la sombra  de quien fue mi dueño. Pero ella se asusta, asumiendo que soy un insecto; cuando se entera de mi, su cara se torna displicente y decide, de un manotazo, mi importancia.
Fui hoja, ahora soy solo el recuerdo de la dueña de estos dedos, 
que me crean y la dan vida a un existir ignorado.

Att.- LA HOJA MUERTA

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