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Letras



Cuando se vio inúltil ante sus ojos, no le quedó más remedio que sentarse a escribir.  Las letras se iban escapando, como refugiados hambrientos, del papel repleto de tinta roja. 

Algunas caian amorfas y carentes de sentido alguno, vueltas cenizas sobre el piso. 

Otras lo hacían de pie y en buena lid jugaban entre ellas formando un bello paisaje de poesía

Las más traviesas se fueron solas y volviéndose independientes, terminaron significando cosas muy distintas a su inmaculado origen. 

Un puñado de ellas, irreverentes, se negaron a ser y decidieron volverse insulto al pensamiento de su dueña, que ilusa, se hizo con la idea de ser peseedora de una tinta poderosa.

Hubo alguna que recorrió el camino de vuelta hacia su mano y le escupió a la cara, salpicándo una saliva con forma de aplauso y pleitesía. Eso le dejó en su lengua un sabor a la nada misma, rellena de vació y de tope hueco.

Las más dóciles le untaron azúcar en las heridas, alejándose luego
y mostrando mofa. 

Pronto comprendió que ni las letras, esas que una vez creyó suyas, le acompañaban. Comprendió que eran habitantes temporales de su mente y de su alma. Que llegan justo para partir, cual inquilinas. 
Que su destino justo es el nacer y perecer por ahí, donde les apetezca.

Nuevamente se encontró sola, con el lápiz en la mano y la libreta en su regazo.

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-


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