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Su cuello

Dibujo realizado a carboncillo por Teresa Duran, artísta española.-

El había decidido cambiar de casa.  La suya no le reportaba la paz y la tranquilidad de antaño, y su espíritu le demanaba un nuevo hogar.  Era un hombre distinto ahora. El espejo le devolvió la novedad en su mirada cuando, en ese verano de siempre, se atrevió a mirarse distinto. Entonces decidió habitar en el cuello de su amada.

En pocos días, aprendió que casa y hogar no son lo mismo.  En su casa vieja, los muebles se amontonaban disparejos. Las colchas, los cuadros en la pared, los muebles!...fueron la norma del aburrimiento.  Abandonó esos espacios viejos y trasladó sus enseres al cuello de su amada.


- Amada mia, vengo por ti.  Vine a instalarme!  Habitante entusiasta de tu cuello...!


Ella le miró. Le hizo el espacio perfecto a su tamaño y le recibió con todo el cuerpo.  El depositó su boca y todos sus besos en ese delicioso trayecto que va desde el lóbulo de su oreja hasta la clavícula y el hombro. Ella, estremecida hasta los pies, se permitió sentir y se alegró de su decisión.


- ¿Cuantos besos son?, le preguntó


- suficientes para vivir una eternidad!,  respondió.


Ella asintió, mientras él depositó la humedad de un beso sobre el suelo de su cuello y empezó la tarea de colocarlos uno por uno. Cotejó gemidos, caricias, ahí, donde mejor podían estar.  Ahí, en su cuello... el cuello de su amada.  Le susurró tantas promesas! Habría que hacer espacio.


Desde esa tarde no regresó a su vieja casa. Tenía algo mejor, un hogar!. Las mañanas y las noches eran lo mismo.  ¿Quién iba a imaginar que la luna y el sol serían la misma cosa en su cuello! Que la hora catorce valdría lo mismo que la madrugada... que los martes y los viernes vendrían al mismo tiempo!. Todo eso acontecía en el cuello de su amada. Era un espacio sin tiempo! Querría vivir ahí por siempre...hasta morir. Viviría en el cuello de su amada, por siempre!



© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-


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