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Dinero y felicidad

Desde que tengo memoria estoy escuchando chistes y bromas sobre el dinero y la felicidad y su tan cacareada relación.  "El dinero no te conduce a la felicidad pero te deja dos esquinas antes...."  "Si vas a llorar, mejor hacerlo en un Mercedez que en una guagua(1) de transporte público......" Podría llenar una página completa de dichos al respecto. También he oído hablar del maldito dinero, sucio dinero, asqueroso dinero. Que es el origen de muchos males, que ha acabado con matrimonios y relaciones que se suponían sólidas. Ha acabado con vidas, gobiernos, imperios y más.  Parece ser que el dinero es el mismo Lucifer en persona. 

Pero resulta que el dinero es un objeto inanimado.  El dinero no ES sino que lo ponemos a SER y en sí mismo vale menos que el vapor caliente que despide mi taza de café cada mañana, que es mucho decir ya que éste último tiene aroma y el dinero huele mal de tanto manoseo. El dinero en sí mismo vale nada y si no me cree váyase a una isla desierta y consígase un saco lleno de papeletas a ver qué hace con ellas. O véase la película Madagascar 3 y disfrute la escena en la que estan cavando un pozo para obtener agua, porque se acabó en toda la reserva, y solo consiguen diamantes.  (la cara de frustración de los animales cargando piedras brillantes es digna de ver)

No obstante todo lo anterior, el dinero es muy ansiado. Todos queremos ser ricos o al menos tener un poquito más del que tenemos. El dinero nos permite comprar cosas que nos agregan comfort, nos facilitan el día a día y nos ayuda a optimizar muchas funciones y actividades.  El problema comienza cuando le atruibuímos al dinero cualidades y virtudes que solo competen al género humano. El dinero no nos transforma. En todo caso, el dinero sacará a flote nuestras potencialidades, sean estas de corte negativo o positivo.  De manera que si usted es una persona miserable, obstusa y estúpida, pero sin dinero y de repente se ve con mucho, solo será un miserable, obtuso y estúpido ser humano pero con dinero.

También hay personas que son geniales y de repente se vuelven lo peor.  El que está desde fuera suele decir: - wao!.... el dinero lo cambió...-.  Debe pasarla muy mal el dinero que le hechan la culpa de todo!  Esa persona solo era un miserable latente y a la oportunidad todo salió a flote.  No en vano suele decirse: "¿quieres conocer a una persona? dale una cuota de poder y luego hablamos".  Ese poder siempre está asociado al dinero.


El dinero también ejerce efectos afrodisíacos en muchas mujeres. La vida sexual de muchos hombres presenta una gran mejoría luego de su fuente de ingresos mejora.  Hay una relación entre la autoestima de mucha personas respecto de qué tanto tengan en la cartera. Y para muchos, la búsqueda de dinero se vuelve el norte obligado. Es el valor que rige sus vidas y todo lo hacen en función a cuánto ganarán o perderán si hacen tal o cual cosa, o si dejan de hacerla.

Lo cierto es que sin la presencia de bienes que sean de utilidad para la mayoría el dinero no sirve.  Sin un producto, sea este tangible o no, que deba ser distribuido, ofrecido o canjeado, el dinero deja de tener sentido. Inclusive, el dinero bien puede no estar y este tránsito de productos y/o servicios realizarse, aunque claro, esto sería en un estado ideal de sociedad para la cual no estamos preparados.  Y no estoy decubriendo la fórmula del huevo hervido. El trueque se basaba en eso y muchas comunidades de siglos atras vivían en paz y armonía y basaban su comercio en el intercambio de artículos cuyo valor consistía únicamente en la utilidad que estos tenían para el grupo humano en particular.  Pero nada, un astuto gracioso inventó la moneda y mucho ha llovido desde entonces.

Sin decir que concluyo, porque al fin y al cabo esta es mi opinión personal, puedo dar fe y testimonio de que el dinero no da felicidad. Igual me da tranquilidad saber que dispongo de los recursos básicos para poder educar a mi hija, vestir, vivir algún tipo de distracción y permitirme algunos momentos momorables. Aunque no tenga el Jeep Wrangler que quiero, ni la casa que deseo, soy muy feliz. Y es precísamente cuando ponemos nuestra felicidad en cosas cuando perdemos el norte.  Cierro con esta recomendación humilde: si quieres ser feliz, invierte en experiencias, no en objetos.  Feliz noche!


(1) En mi país, República Dominicana, llamamos guaguas a los autobuses de transporte público.

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