Ir al contenido principal

Ella no hablaba con muertos



Pasó por su lado y casi que le reconoce de inmediato. Era un fantasma que pertenecía a su pasado no tan reciente y le tomó un poco recordarlo.  El había muerto la misma tarde que se liberaron las mariposas.  El mismo día que inició su reinado con la corona de espinas.  
Lo vió acercarse y el espectro fue cada vez más claro. Era él sin duda.  Por el gesto de sus labios supo que le hablaba a ella, que no le escuchó nada.  Ella no hablaba con muertos, entonces no hubo respuesta. Siguió su recorrido como si no nada pasara. Como si no se enterara.  

Se fue caminando por la calle a la izquierda. Creyó sentir los pasos del hombre tras ella.  Le ignoró. Ella no hablaba con muertos.  Agitó el paso y sintió como una de las espinas de su corona atravezó los bucles de su pelo yendó directo al cuero cabelludo.  Le dolió, pero no más que dejar su reinado, así que se la acomodó y se aguantó el dolor.

Ya iban siendo tres las calles recorridas.  El muerto ya no la seguía y la tarde, porque ya era la hora quince, le traía un olor a limoncillo y albahaca.  Aspiró y el aroma la llenó de optimismo.  Se apresuró a descansar en un banco que encontró. Al sentarse se dió permiso de quitarse su corona y retocar su cabellera con los dedos.  Con placer advirtió como en lugar de cada espina había una oruga.  Volverán más mariposas! .....a su tiempo.....todo en su propio tiempo.

Se había olvidado del muerto. Claro que sabía de quien se trató. Pudo haberle dicho mucho.  Todo lo que no atinó a decirle la tarde en que partió de su mundo, pero es que ella no hablaba con muertos.

© Derechos de Autor Gnosis Rivera.-

Entradas más populares de este blog

Antes de amarte...

Antes de amarte, déjame contarte de mis espinas, como adornan mis esquinas y me hieren todavía; pero también tengo rosas.  Si te acercas solo un poco podrás ver que soy hermosa solo que no lo sabía.  
Antes de amarte, déjame mostrarte mis demonios,  mis motivos y mis incordios.   Quiero que veas mis sueños, mis dolores, mis anhelos. Que sepas que yo he llorado,  pero igual se de alegrías.  Que sé de la lejanía, de la distancia que empapa,  de la comezón del alma cuando sola se imagina.
Que he sorprendido las noches bañándome en un recuerdo de algo que yo pensé cierto,  pero me quedé colgada, con mi alma enamorada sin saber lo que ocurría.   La mentira se metía lentamente por mis huesos y la ilusión escupía en mi cara sus deseos.
Quiero contarte que amo,  que suspiro y que aún espero. Que mi cuerpo tiene frío y por dentro prende fuego.   Antes de amarte te cuento, porque quiero que te enteres que padezco de la ausencia de un amor que no es presencia,  y tú que ahora te asomas, pienso quizá no comprendas.
Que no …

Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Sonrisa mentira

Mi sonrisa, de cuarzo y granito, era cuajada y pesada.
Se extendía de izquierda a derecha, haragana y con pocas ganas de ser. Con sus manos de renacuajo, se sostuvo de mi boca y se instaló en mis labios, pretendiendo engañar al semejante que observaba en mi esquina.

Mi sonrisa, antes de amarillo robusto, ahora era color cristal,
y al intentar ser en ella lo que en verdad no soy, se fragmentó sobre mi barbilla, y miles de trozos se esparcieron por mi regazo, distribuyendo a pares el aburrimiento de mi desdicha.

Ya no tenía por qué sonreír más. Ya la máscara había sido descubierta. No más sonrisas para mí, ni para el semejante de la esquina.


©Derechos Reservados Gnosis Rivera.-