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Pedazos II -hogar-

Recordó como había sido todo el inició.  Pocas palabras fueron necesarias para que ella se diera cuenta de lo distinto que él era.  Tan distinto, que haría que su mundo se volviera patas arriba.  Ella no tenía idea, pero igual estaba dispuesta a darse contra la pared. 

- Yo te elijo, hoy y siempre -le había dicho.  - Me he vuelto un ateo religioso de tu amor.  -sentenció.  Esas palabras se tatuaron en su oido y meses después se convirtieron en epitafio de un amor que duraría varios años.  Ambos, sin siquiera saberlo, acordaron pagar un precio muy alto por las decisiones tomadas y se olvidaron el futuro.

-En ti encontré mi hogar.  -Ella replicó.  Duró años buscando un lugar para su alma, para venir a hallarlo en su ojos y en sus brazos.  El la alojó en el hueco de su pecho durante minutos, horas y días y meses.  Era huérfana de afectos, pero en su compañía aprendió de los amores, las entregas, las pasiones y los silencios repletos de gritos.  Si.  El tenía razón.  Su mirada ya no era la misma.  Su alma había cambiado.....y para siempre!

.......continuará

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Escribir

Quienes escribimos tenemos el alma hecha de papel, letras, tinta, lápices; todo ello mezclado con sangre, dolor, alegría, sentimiento, recuerdos, sueños, ilusiones... Perfectamente unido en una alquimia sin defecto. A veces quieta y en orden. Otras, produciendo espantosos sismos de angustia y reclamo. El lector no siempre imagina el rastro de gotas que evidencia tal temblor del alma. Ese temblor que supura sal y azúcar. Quizá ni sospecha qué hay tras cada letra, en las esquinas de un párrafo y la muerte que supone el punto y final de un poema.
Cada texto es un nacer y un morir. Un sobrevivir constante en este ensayo de existencia. Una apuesta a permanecer en la necedad de lo posible. Eso es escribir.... Y perdonen la soberbia de siquiera pensar de qué están hechas vuestras almas, estimados amigos de las letras. Puede ser mi soledad la que me hace dar por cierto tal suerte de cosas. La culpa no es mía, pues, sino de ella. Mi amiga, la soledad. Cariños, Gnosis

Tres años Volando al ras...

Hace tres años empecé a acariciar la idea de publicar mis escritos. Propósito algo soberbio si lo veo desde la creencia de que alguien quiere leer lo que pienso. Sin embargo, me hallaba en un momento muy particular de mi vida, y una vez que empecé a escribir sencillamente no pude parar.
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Mi bronquitis

Desde mi primera juventud – la verdad que no sé son cuántas juventudes hay, ni quien las cuenta– tuve tendencia a los resfríos. Primero fue la congestión de los senos paranasales. Bastaba que lloviera para que mi nariz tuviera su propio tsunami. No podía usar perfume, ni bañarme con el clásico Palmolive rosa, que tanto gustaba a mi madre. Los olores me mataban.

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